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LA MIRADA DE LA SEMANA
María José Jiménez Noguera
Con los ojos abiertos
PUBLICADO

26 de abril de 2024

Las palabras importan…y mucho.

Junto a la mesa donde me disponía a tomar un café, había un grupo de hombres que discutían entre ellos con la aparente intención de ser escuchados más allá de los límites del espacio que ocupaban. A voz en grito, lanzaban sin escrúpulos, un rosario de insultos e injurias hacia algunas figuras políticas de nuestro país. Ese día, mi desayuno fue más rápido de lo habitual. Esta escena, y otras semejantes, se vienen repitiendo con demasiada frecuencia.

Siempre he pensado que la dialéctica, entendida como técnica para intentar descubrir la verdad mediante la confrontación de ideas, es positiva y nos ha hecho conseguir grandes avances como sociedad, en la medida en que el debate y las críticas se han dirigido hacia los argumentos y no hacia las personas.

De alguna manera, el insulto, la falta de respeto y el “todo vale” con tal de perjudicar al adversario, se está normalizando, generando un clima social de crispación y polarización extrema, que responde a una estrategia puesta en marcha por determinados sectores que, en absoluto persiguen el bien común. Los políticos tienen una gran responsabilidad en este asunto, indudablemente, pero no son los únicos. Cada uno de nosotros, de manera individual o como miembro de una comunidad o grupo que defienda los valores humanos universales, tenemos mucho que decir, como hacedores de la sociedad.

El mundo, en su conjunto, sufre una especie de ceguera. Es preciso que abramos los ojos para no dejarnos engañar por las falsas noticias que ocultan la intención deliberada de confundirnos, ni menos aún por medios de comunicación que ejercen con frecuencia una “desinformación” exenta de ética y que obedece exclusivamente a los intereses de quienes los financian. Abrir los ojos para no caer en la trampa de quien enmascara la defensa de los principios más elevados con fines partidistas. ¡Exijamos coherencia!

Ante tanto ruido mediático, debemos buscar la verdad en el silencio de nuestro corazón y reflexionar sobre nuestra adhesión a los valores que han alimentado nuestra vida. Éstos no nos hablan de odio ni de animadversión hacia el diferente, sino más bien de diálogo, respeto, tolerancia, empatía y compasión.

Tomemos conciencia de que el mundo necesita una mayor dosis de amor y entendimiento para ver a los demás con ojos nuevos, especialmente al que tiene ideales distintos a los nuestros, sin menoscabo de nuestra lucha contra las injusticias. Al fin y al cabo… "Somos uno”.

Todos anhelamos la paz, sin embargo, ¿nos empeñamos en serio en construirla? Podemos elegir entre dejarnos atrapar por la red de la crispación y el insulto fácil, convirtiéndonos en un eslabón más al servicio de la polarización y que contribuye a generar mayor tensión en nuestra sociedad o dejarnos guiar por la oración de San Francisco de Asís:

"Señor, hazme un instrumento de tu paz:
Donde haya odio, ponga yo amor,
Donde haya ofensas, ponga yo perdón,
Donde haya discordia, ponga yo unión,
Donde haya error, ponga yo verdad…"

 
Yo ya he elegido, ¿y tú?

 

                              

34 91 725 95 30

Esta revista ha recibido una ayuda a la edición del Ministerio de Cultura, a través de la Dirección General del Libro, del Cómic y de la Lectura