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Cómo vivo la diversidad confesional
PUBLICADO

19 de mayo de 2023

La experiencia de ser minoría
«¿Sois cristianos también vosotros?» A menudo era la primera pregunta que me hacían como pastor luterano en Roma cuando intervenía en una celebración o conferencia en una parroquia católica romana. La pregunta generalmente no pretendía ser provocativa, sino más bien expresión del hecho de que la Iglesia luterana no figura en la experiencia de la mayoría de los italianos. Algo menos sorprendente de lo que puede parecer a quienes viven en Europa occidental o septentrional, donde la coexistencia y la convivencia de varias confesiones forma parte de la vida cotidiana. Aunque en Roma la mayoría de las Iglesias no católicas ‒entre ellas los luteranos, los anglicanos, los metodistas, los ortodoxos, los baptistas‒ están representadas desde hace muchos años con sus parroquias o centros, en comparación con la población total, en Italia hay una minúscula minoría religiosa cuya vida y actividad apenas se percibe a nivel público. Italia es un país «católico» y «ser católicos» tiene una parte importante en la identidad italiana. El 84 por ciento de los italianos se define católico y alrededor de un cuarto también practicante. Esto no significa que los italianos acepten todas las enseñanzas del Vaticano o que estén dispuestos a conformar su vida cotidiana con las directrices de la Iglesia católica. Sin embargo, la Iglesia Católica Romana todavía goza de una presencia casi natural en Italia. 

  El desafío de no cerrarse, sino de actuar positivamente
Una de las consecuencias de esto es una ignorancia generalizada de las muchas formas de cristianismo y a menudo también una falta de comprensión de por qué deberían existir otras Iglesias cristianas en Italia además de la Iglesia católica romana con su fuerza de incidir en la sociedad, la cultura y la mentalidad. En la familia, en el trabajo o en el tiempo libre, dondequiera que se hable de la propia fe, los cristianos luteranos en Italia tienen que explicar que no son seguidores de alguna secta oscura, sino que pertenecen a la única Iglesia de Jesucristo del mismo modo que los cristianos católicos. 

Se trata sin duda de una experiencia difícil y sería fácil retirarse detrás de los muros de la propia Iglesia, molestos o confirmados en los propios prejuicios. Pero quien decide vivir y llevar adelante el diálogo ecuménico en las condiciones sociales aquí evocadas debe relacionarse de modo productivo con la situación religiosa italiana, Y esto significa: buscar y promover oportunidades para conocerse mejor y favorecer experiencias ecuménicas compartidas. 

¿Por qué buscar el encuentro?

Entre las razones que, en mi opinión, aconsejan tal línea de acción se encuentran las siguientes: 

1)    La unidad de la cristiandad es el mandato dado por Jesús a la Iglesia. Por tanto, el ecumenismo no es una cuestión secundaria de la que se pueda prescindir cuando las circunstancias son difíciles. Más bien, la disponibilidad a entablar con curiosidad y apertura relaciones con los demás cristianos ‒conscientes de que estas experiencias también podrían cambiarnos‒ y el compromiso de hacer crecer la ecumene forman parte de la esencia de la Iglesia. 

Una de las experiencias que más me marcaron como pastor luterano en Roma fue el hecho de que nunca tuve una conversación en preparación al matrimonio en la que los esposos no me dijeran lo pesado que era para ellos tener que elegir continuamente, en cuestiones fundamentales de fe, entre las diferentes denominaciones. En los matrimonios interconfesionales se padece y pesa existencialmente sobre ellos la falta de comunión y de unidad que las Iglesias aún no han restablecido entre sí. El dolor de la separación entre las Iglesias es otra razón importante por la que me comprometo a profundizar la comunión entre las Iglesias. 

3) Por último, el ecumenismo ‒no siempre, obviamente, pero cuando se logra‒ es simplemente una alegría. Los encuentros ecuménicos, el culto común, la lectura común de las Escrituras y la búsqueda de los modos en que el mensaje del Evangelio puede llegar a los hombres y mujeres de hoy, el estudio de los documentos del diálogo teológico y el intercambio de dones: Todo esto ensancha de modo decisivo los horizontes, ayuda a superar las propias unilateralidades y representa un gran enriquecimiento y profundización para la fe, la teología y las prácticas de devoción. 

 Dos actitudes fundamentales 

Para que el ecumenismo así vivido tenga éxito, son particularmente importantes dos actitudes. En primer lugar, dentro de una comunidad confesional minoritaria como la luterana en Roma, se necesitan ofertas formativas que ayuden a profundizar la propia identidad de fe y a desarrollar la capacidad de hablar de la fe. Quien tiene bien clara la propia identidad puede comprender la pregunta: «¿Sois cristianos también vosotros?» como una oportunidad para entablar con otros una conversación sobre la fe y explicar las particularidades de su propio nombre. Tanto en las parroquias de periferia, donde casi nunca ha habido la posibilidad de entrar en contacto con otras Iglesias cristianas, como en el ecumenismo a nivel de la ciudad de Roma, hasta el Vaticano y los papas Benedicto xvi y Francisco, siempre he experimentado una estima y reconocimiento sorprendentes cuando compartí en conversaciones y encuentros mi identidad teológica y religiosa de cristiano luterano.

Por otra parte, el ecumenismo necesita apertura y disponibilidad al diálogo. Esto incluye la curiosidad y la alegría de conocer a otras personas, la estima y el reconocimiento de la personalidad del interlocutor, la capacidad de escuchar suponiendo que la otra persona también tenga buenos argumentos a favor de su propia visión, la disponibilidad a compartir el propio punto de vista religioso en la conversación y, al mismo tiempo, la apertura a aprender de los dones de la otra persona y, por tanto, a dejarse cambiar por la experiencia común que se hace en el diálogo.  

Donde entre las Iglesias cristianas es determinante el estilo del diálogo, no se justifica ni el statu quo de las diferencias confesionales ni se perfila la propia tradición distanciándose de las otras Iglesias, sino que se está en camino juntos hacia la unidad visible de la cristiandad. La meta no es la uniformidad, sino una Iglesia en la que las características confesionales no separan, sino que se pueden experimentar y vivir como un enriquecimiento recíproco. 

El ejemplo del papa Francisco
En los últimos diez años, el papa Francisco ha sido un importante motor de este camino de diálogo. Desde el primer día de su pontificado, ha sostenido y promovido el ecumenismo de modo valiente, innovador y visionario. En línea con su actitud de diálogo, no espera a que los demás lleguen a él, ni se resigna al statu quo. Más bien, toma siempre la iniciativa de visitar otras Iglesias cristianas y allanar el camino a coloquios y encuentros que eliminan los obstáculos entre las Iglesias y dan vida a una nueva dinámica ecuménica. De este modo, el papa Francisco se ha convertido en uno de los actores decisivos del ecumenismo. 

Al mismo tiempo, con su modo de guiar a la Iglesia, permite experiencias cualitativamente nuevas con el papado. Las diferencias confesionales en la valoración del papado se están reduciendo cada vez más. En la forma en que el papa Francisco ejerce su tarea, se hace visible un ministerio petrino basado en el Evangelio. Sobre todo, en estos tiempos de crisis, en los que el impulso ecuménico casi se ha apagado a causa de los desafíos actuales (la pandemia del coronavirus, la guerra de agresión rusa contra Ucrania) y la crisis de credibilidad de las Iglesias que se prolonga desde hace tiempo, es de gran ayuda para todas las Iglesias el hecho de que el papa Francisco actúe como uno de los pocos garantes del ecumenismo a nivel mundial. Como guía en la tempestad, continúa con tenacidad manteniendo a las Iglesias en el camino del ecumenismo, convencido de que una comunión más profunda entre las Iglesias se basa en un «intercambio de dones», «en el que cada uno hace propio lo que Dios ha sembrado en el otro»[1].

Con su propio ejemplo, el papa Francisco anima a cada cristiano a llevar adelante el diálogo ecuménico en su propio ambiente de vida y a vivir la diversidad confesional de modo que sea un enriquecimiento para los demás. Este es un servicio del papa Francisco a la unidad de la cristiandad que es tan innovador como alentador.


 
[1] Discurso a los miembros de la Comisión internacional anglicano-romana, 13 de mayo de  2022.

34 91 725 95 30

Esta revista ha recibido una ayuda a la edición del Ministerio de Cultura, a través de la Dirección General del Libro, del Cómic y de la Lectura