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LA MIRADA DE LA SEMANA
María José Jiménez Noguera
Como flores de un ramo
PUBLICADO

23 de junio de 2025

Cada primavera, al volver del colegio, era fácil detenerse a contemplar los charcos repletos de huevos y observar el ciclo de la vida de las ranas:  de embrión a renacuajo (a mis amigas y a mí nos divertía ver lo rápido que se movían de un lado a otro de la charca), primero, solo con cabeza y cola, después desarrollaban sus patas delanteras y traseras. Por último, la cola iba desapareciendo hasta que completaban su metamorfosis, y se transformaban en una viscosa rana adulta que, en las calurosas noches de verano, nos acompañaba con su cadencioso croar.

También en verano, cada martes y viernes, esperábamos deseosos a que se pusiera en la esquina de nuestra calle el hombre de los higos chumbos, alto, enjuto y de tez curtida por el sol. En un canasto de mimbre, metía sus encallecidas manos repletas de púas para sacar el manjar que había recolectado al amanecer. En el asiento de su moto, junto al canasto, apoyaba un plato de Duralex con cubitos de hielo donde, siguiendo lo que parecía un ritual, vertía cada higo después de asestarle tres incisiones con su oxidada navaja, despojándolo de su punzante envoltura.

¿Dónde están las ranas? ¿Dónde los higos chumbos?

Muchas cosas han cambiado y ya no son como eran. Culpamos de ello al cambio climático, a la contaminación o a la normal evolución de la vida… No hay que echar la vista atrás con añoranza si no es para caer en la cuenta de que nuestra acción o inacción tienen consecuencias para mejorar o empeorar nuestro entorno.

Si con perspectiva miramos al siglo pasado, a la época de nuestros padres o abuelos, evidenciamos los grandes avances que se han realizado, especialmente a nivel tecnológico y de movilidad.  Ha aumentado considerablemente el bienestar social y el acceso a la educación y la cultura; son notables los cambios en diagnósticos y tratamientos médicos, prolongando nuestra esperanza de vida…Puede decirse que el ser humano “ha evolucionado”.

Pero en lo esencial, en el desarrollo de los valores universales, en lo que nos hace más humanos, en el respeto y el entendimiento entre los diferentes… seguimos estancados, repitiendo a lo largo de la historia los mismos patrones y errores. Siempre el ser humano contra el ser humano, incluyendo el perjuicio a la naturaleza como un daño a sí mismo.  Y es la propia naturaleza la que nos enseña el camino.

            Hace unos días me regalaron un ramo de flores. Por unos instantes me detuve a contemplar lo bonito que era. Estaba formado por margaritas, gerberas, siemprevivas, paniculatas y algunas ramas de eucalipto. Tenían distintos colores: lila, morado, rosa, amarillo, blanco y verde. Cada una era importante y cumplía una función: unas eran grandes y vistosas; otras más pequeñas, aportaban un toque de delicadeza y distinción. Cada flor en solitario era bella, pero en conjunto, al unirse a las otras, resaltaba aún más.

Seamos como flores de un ramo: todas bellas, todas diferentes, que saben perderse en el grupo por el bien común y lucir su esplendor junto a las demás. Hagamos que el mundo sea más noble y hermoso… como un gran ramo de flores.

34 91 725 95 30

Esta revista ha recibido una ayuda a la edición del Ministerio de Cultura, a través de la Dirección General del Libro, del Cómic y de la Lectura