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Cómo crear procesos inclusivos de discernimiento y toma de decisiones
PUBLICAT

19 de maig de 2023

¿Qué significa pensar en procesos de discernimiento y toma de decisiones que sean realmente inclusivos? En primer lugar, significa establecer un estilo de liderazgo que de alguna manera haga que todas aquellas personas que luego participarán en la implementación de la decisión sean protagonistas, tanto como actores como destinatarios. Es un cambio de mentalidad que se nos pide y que presupone ante todo un camino personal en torno a algunas preguntas de fondo.

 Preguntas que hay que hacerse
Quien está en posición de conducir necesita preguntarse: ¿Qué es el poder para mí? ¿Qué significa y cómo me involucra personalmente estar en la posición de poder actuar, sabiendo que los demás podrán decidir seguirme, o tal vez se sientan en el deber de seguirme, o a priori se opondrán a mi papel? Sabemos que no podemos contar con una cultura que nos ayude a hacernos estas preguntas y que tenemos un largo camino por recorrer para liberarnos de las tentaciones de siempre: ambición, carrera, éxito, dominio, privilegios. El Evangelio, por el contrario, apunta derecho a la exousia, un poder ejercido por Jesús para realizar la obra del Padre, que nos devuelve el sentido de una energía descentralizada del propio «ego», buena, humilde, puesta al servicio del bien común. El poder se hace así compañero del amor incondicional, del sacrificio, el servicio, la corresponsabilidad, de la integridad coherente y siempre buscada, amplitud de miras que hace crecer y florecer a todos en su potencial de vida.

Junto a esta pregunta es importante que se añada otra, por parte de quien se encuentra en el papel de participante. Sí, porque no hay líderes sin grupo. Y la pregunta sería: ¿Cómo decido entrar en este proceso de discernimiento con vistas a una decisión que de todos modos corresponde a quien tiene la responsabilidad última? ¿Estoy dispuesto/a a asumir el peso de la búsqueda paciente, del diálogo sincero, del riesgo de incurrir en el conflicto, de la desilusión de un resultado no satisfactorio?

Una tercera pregunta se refiere al grupo entero que, al inicio del trabajo conjunto, necesita preguntarse: ¿Qué talentos cada uno/a de nosotros aporta a este proyecto? ¿Creemos realmente que la confianza recíproca representa la base imprescindible, el valor no negociable, el factor motivacional capaz de ayudar a superar los inevitables baches del camino? ¿Y cómo pretendemos construir un clima de confianza entre nosotros?

 Algunas reglas-base
El papa Francisco nos invita a recorrer nuevos caminos hacia el futuro según un estilo sinodal. Para realizar este propósito, es necesaria una metodología de espesor, al mismo tiempo mística y concreta, valerosa y eficaz, basada en algunas «reglas de base» sobre las cuales convenir y formarse continuamente. Las enumeramos brevemente, sin pretender ser exhaustivos. 

En cuanto a la fase de discernimiento:

-   Las personas invitadas a participar deben hacerlo desde el principio del proceso. En efecto, juntos hay que pasar por la primera fase de adquisición de la información necesaria y suficiente para formarse una idea prudente y completa de lo que puede y no puede hacerse.

-   La relación entre los miembros del grupo tiene prioridad, y se debe cultivar especialmente en momentos de dificultad. Es en estos momentos cuando se corre el riesgo de perder de vista el objetivo, mientras que aparece la obsesión de resolver rápidamente o delegar «al jefe», apoyando las ideas. Hay que mantener un clima de estima, de escucha y de respeto recíproco, más que de competición y de agresividad, condiciones que no fomentan la participación, sino que inducen a la tentación de salir del grupo.

-   Cada miembro del grupo debe poder expresarse y contribuir de manera creativa, sin temor a parecer alternativos, o quizás «fuera del coro». Que el líder del grupo ya tenga un plan en la cabeza de cómo se harán las cosas, no alienta una participación libre en un discernimiento saludable. 

-   Cada miembro del grupo debe comprometerse con un pacto hacia los demás: ser responsable de su propia idea y compartirla; estar desapegado de lo que compartimos, porque no necesariamente su idea será considerada y asumida tal cual; permanecer abiertos a la contribución de los demás, que sin duda ofrecerá una perspectiva diferente y enriquecedora; aceptar que el discernimiento colectivo pasa por una ascesis personal de escucha, oración y silencio; asumir la responsabilidad de llegar preparados en el momento de la decisión.

En la fase de toma de decisiones:

-   Asegurarse de que todos puedan expresar su opinión con libertad y conocimiento de causa.

-   Volver a evaluar los objetivos y los valores subyacentes de cada opción (por ejemplo: quiénes son los beneficiarios reales de la decisión; quién quedaría excluido de la opción preferida; como es la coherencia con el carisma y/o el estilo de vida elegido; qué transparencia se garantiza; qué impacto tiene en la casa común...).

-   Tener sobre la mesa propuestas alternativas y enumerar los pros y los contras de cada una. 

-   Tener en cuenta el tiempo. Los tiempos demasiado ajustados obligan a trabajar bajo presión y la prisa no ayuda a madurar decisiones efectivas. Por el contrario, la tendencia a la dilación provoca frustración y sensación de impotencia. Solo un diálogo sano ayuda a encontrar el camino correcto para cada circunstancia.

-   Calcular los riesgos y aceptar que cada elección implica renunciar a algo. Debería existir la posibilidad de volver sobre los propios pasos, lo que es parte de la condición humana.

-   Determinar quién hace, qué y las posibles  líneas de comunicación.

-   Acordar el momento de la verificación. Prever una evaluación honesta y sincera de cómo van las cosas da un sentido de seriedad y también tranquiliza sobre la posibilidad abierta de ajustar el tiro.

-   Emitir el propio voto final en las condiciones previamente establecidas.

-   Celebrar la decisión tomada y comprobar el sentido de paz que la acompaña.

Buenas bases, establecidas al comienzo de un trabajo conjunto, garantizan procesos de mejor calidad, donde no solo es el resultado el que se beneficia sino también la certeza de los participantes de haber contribuido a crear algo hermoso e importante para el Reino. El tiempo ha llegado. ¿Seremos capaces de involucrarnos con valentía y generosidad?

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