UN MUNDO FORMADO POR HOMBRES, NO POR DOGMAS
Basta de geopolítica. El mundo no puede ser moldeado por los dogmas de las relaciones internacionales. Tras dos años de pandemia, en los que han saltado por los aires los teoremas sobre cuánto influyen los factores geográficos en las políticas de los Estados, ¿es posible entender (no solo explicar) cómo está cambiando el sistema internacional, si es que todavía existe un sistema coherente? Algo está claro: la globalización ha entrado en una fase crítica. Hoy se percibe como la exportación de un determinado modelo económico y político a amplias zonas del planeta, y se cuestiona porque no es universal, inclusiva, equitativa.
La estructura de las relaciones internacionales es muy frágil, con el trágico recurso a la guerra como instrumento político aceptado. El gasto militar mundial sigue disparándose, cuestión crítica de las prioridades internacionales. Un verdadero cambio de rumbo sería lograr que la política abandone la guerra internacional encubierta y se ocupe del bienestar global. Se habla de que estamos retrocediendo al sistema internacional puro (acciones y reacciones, equilibrio entre potencias) en lugar de progresar como sociedad internacional con normas y objetivos compartidos. También se habla de un retroceso al soberanismo contra la cooperación y de la rivalidad por acaparar la hegemonía en las relaciones internacionales.
Todo esto parecería un descalabro, pero puede obligarnos a dar un giro decisivo ya que se hace necesario un ejercicio de democracia deliberativa global, con foros verdaderamente representativos, fuera de los círculos exclusivos de expertos y tecnócratas.
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