No podemos ir a nuestra bola
Álvaro: Normalmente solemos ir a nuestra bola, intentando sobrevivir en el día a día. No conseguimos fijarnos en quienes están a nuestro alrededor, a lo mejor solos o un poco marginados... ¿Cómo cambiar? Claro, vivir encerrados en nuestro yo es bastante natural. Intentar preocuparse de los demás es un esfuerzo, pero vale la pena si el resultado es hacerles la vida un poquito mejor. No hablo de grandes acciones, sino de simples gestos para darles constancia de que no están solos en el mundo.
Tenía a un compañero en clase con síndrome de Down. A pesar de las dificultades para adaptarse y hacer amigos, acabó siendo muy feliz porque se sentía muy querido por nosotros, jugábamos juntos al futbol, charlábamos, le ayudábamos en lo que necesitaba... Pero llegó el día en que los demás pasamos de curso y él tuvo que repetir. Con el tiempo la relación acabó distanciándose y casi ni hablábamos. Un día su madre me preguntó si le podíamos incluir en la preparación del concierto que hacemos por Navidad. Le aseguré que lo haríamos. A mí me hacía especial ilusión retomar la relación con él. Así que me acerqué a él en el patio, le propuse la idea y se puso súper contento e ilusionado. En el concierto lo pasó muy bien, disfrutó mucho sintiendo que su aporte era importante para nosotros, y constató que, aunque estemos en clases separadas, sigue teniendo un amigo en quien apoyarse. Ahora nos saludamos con frecuencia por los pasillos y me paro a charlar con él.
Leer más