El pasado noviembre se reunieron en Castel Gandolfo, cerca de Roma, más de 1.200 jóvenes de los cinco continentes con un doble motivo: conmemorar el 50 aniversario del nacimiento del Movimiento Gen, segunda generación de los Focolares, que ha convertido el objetivo de la unidad del mundo en su ideal de vida, y recordar qué sentido tiene hoy la construcción de un mundo unido.
Desde diciembre de 2007 no había tenido lugar un congreso de estas características. Llegaron jóvenes de todo el mundo, incluso algunos desde Nueva Caledonia, una isla al norte de Nueva Zelanda. Desde España viajaron 45 personas.
Dialogando con los jóvenes allí reunidos, el copresidente de los Focolares, Jesús Morán, llamó la atención sobre el problema de fondo de todas las actuales crisis a nivel mundial: la falta de unidad entre países, entre sus gobernantes, entre las personas. Es curioso, decía Morán, cómo la globalización, «que debería traernos unidad», en la práctica no lo hace. Lo vemos en la violencia de las guerras, en la desigualdad patente, en este mundo en el que, en palabras del Papa Francisco, cada vez hay más «descartados».
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