Mientras, algunos de los aspectos más mezquinos y punzantes de la educación se han visto agrandados también hasta convertirse en “supernoticias”. Una niña que muere por coma etílico, familias enfrentándose ante las cámaras por un posible caso de acoso entre iguales o un colectivo de asociaciones de padres que –con la que está cayendo– abren el debate sobre los deberes en fin de semana son solo algunas.
Sin duda, reflejan el grado de enfermedad y abatimiento moral que sufre esta sociedad anoréxica de valores y evidencian la anestesia emocional que nos mantiene adormecidos ante un incipiente caso de violencia (física o psicológica) o la muerte de una adolescente. Y todo eso, aromatizado de una superficialidad educativa que nos lleva a pensar que la enfermedad es más grave de lo que pensamos.
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