En la sociedad actual, estamos ante una problemática muy compleja cuando nos referimos, en términos de globalización, a todo lo concerniente a dos manidos conceptos: a) Ecología. La Real Academia de la Lengua Española la define como: “Ciencia que estudia las relaciones de los seres vivos entre sí y con su entorno” y, b) Ecologismo: “Movimiento sociopolítico que, con matices muy diversos, propugna la defensa de la naturaleza y, en muchos casos, la del hombre en ella”.
1.- Algunos antecedentes.El sentimiento ecologista puede ser considerado a partir de algunos antecedentes de naturalistas del siglo XVIII, como Alejandro de Humboldt, geógrafo, naturalista y gran explorador por España y América, pionero del pensamiento ecológico. Pero la Ecología moderna, realmente tuvo sus principios con el desarrollo de la teoría de la evolución de Darwin. Observó que el medio ambiente está en constante cambio, lo cual provoca que los organismos con mejor capacidad de adaptación, sean los que sobreviven por el mecanismo de la selección natural. Resaltando la importancia de la interacción de los organismos vivos con su entorno.
Dentro del ambiente general evolucionista del siglo XIX, fue el biólogo (zoólogo) alemán Ernst Haeckel (seguidor de Darwin), quien acuñó el término Ecología (1869) y la definió como: "el estudio de la interdependencia y de la interacción entre los organismos vivos (animales y plantas) y su ambiente (seres inorgánicos)". La Ecología formaría parte de la Biología.
Pero, en realidad, podemos pensar que la Ecología sienta sus raíces epistemológicas y prácticas en la historia natural, que es tan antigua como la humanidad; considerando, además, aspectos como: la demografía, la biometría y problemas aplicados de la agricultura y la medicina. Uno de los avances más significativos, en su desarrollo como ciencia, puede considerarse sin duda, en la incorporación del concepto de “ecosistema” (1935), transformándose en una ciencia de síntesis e integración; que, comienza a definirse fuera del campo exclusivamente biológico, para establecer nexos con otras ciencias, y poder explicar las relaciones entre los organismos y su medio ambiente. Así, la Ecología está profundamente relacionada con otras disciplinas: la Ecología, la Geografía, la Botánica, la Geología, la Edafología, la Estadística, etc. Los conocimientos elaborados por otras ramas del saber le permiten a la Ecología especular, mediante su propia metodología, con una visión específica de la naturaleza y una formulación de nuevos principios. La Ecología Moderna podemos decir que es, una ciencia de síntesis y análisis, apoyada en otras ciencias afines.
Casi cien años después de su primera definición, la Ecología se redefinía como: “la ciencia que trata de las relaciones entre los seres vivos y su medio físico, así como las relaciones con todos los demás seres vivos de dicho medio. F. C. Evans (1956) defendió el papel primordial de los ecosistemas y del interés en centrar su estudio desde una perspectiva energética”, experimentando importantes progresos gracias a la Biología, la Geografía y la Economía, además de otras ciencias prácticas. En los textos de Ecología de esa década y posteriores, se explica el ecosistema como la suma de las distintas comunidades (o biocenosis) y, el biotopo como el ambiente inerte que ocupan.
La problemática de la contaminación provocada por la sociedad industrial se remonta al siglo XIX. Pero la preocupación por el deterioro del medio ambiente, adquiere una dimensión planetaria mediado ya el siglo XX. Por esa razón, el esfuerzo de salvaguardia de la naturaleza, que se había iniciado en el siglo anterior, con la creación de parques naturales; progresivamente se amplía a nivel de biosfera, entendida como el ecosistema de toda la gran comunidad viviente mundial. De ahí nace la Ecología política, con la proliferación de movimientos militantes ecologistas y, el inicio del gran debate de las últimas décadas del siglo XX sobre los límites del crecimiento.
Durante largos años, los estudiosos preocupados por el constante aumento del nivel de contaminación, como consecuencia del desarrollo industrial, sólo encontraban comprensión entre los grupos más sensibles al equilibrio armonioso de la naturaleza. La tónica general era la de un optimismo desmesurado en favor del "desarrollo", entendido básicamente como un constante crecimiento económico de todas las naciones. Esta filosofía se plasmó de modo evidente al iniciarse la década de 1960, con la proclamación por parte de la ONU del llamado "decenio del desarrollo", durante el cual se multiplicaron las iniciativas, presionadas las más de las veces, por los países del Tercer Mundo; que no querían continuar siendo naciones de segunda en un mundo cada vez más rico, cada vez más desarrollado.
El primer gran debate ecológico a escala internacional fue la Conferencia Intergubernamental de Expertos sobre las bases científicas de la utilización racional y la conservación de los recursos de la biosfera, celebrada en París en septiembre de 1968, organizada por la UNESCO y en colaboración con las Naciones Unidas. En la exposición de conclusiones de la Conferencia se resumía: “mejorar la utilización de los recursos naturales y medioambientales; interacción entre ciencias biológicas, físicas y sociales; definir la biosfera como ecosistema donde los niveles de organización de la vida y el medio, se realizan según los modos de combinación de los organismos y condiciones físico-químicas de éste; adoptar programas planificados de explotación racional de los recursos para mantener el medio ambiente y posibilitar al hombre vivir en armonía”. El embajador ante las Naciones Unidas, Sverker C. Astrom, lograba interesar a dicho Organismo para que el tema de la protección del medio ambiente fuera incluido en la agenda de la XXIII Asamblea General.
Es, a partir de entonces cuando, de forma decidida, se impulsan las Conferencias e informes de las Naciones Unidas en el ámbito del Medio Ambiente:
El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) es el órgano de las Naciones Unidas encargado de evaluar los conocimientos científicos relativos al cambio climático. Fue establecido en 1988 por la Organización Meteorológica Mundial. El IPCC no lleva a cabo una labor de investigación propia; señala los casos en los que existe un acuerdo en la comunidad científica, los casos en los que hay diferencias de opinión y los casos en los que se necesita más investigación.
Durante las sesiones del Comité Preparatorio de la Conferencia, se puso una vez más de manifiesto el enfrentamiento que oponía entre sí a los distintos Estados, según su mayor o menor nivel de industrialización. Para los países subdesarrollados, la preocupación medioambiental, nacida en los países ricos, escondía una nueva táctica de los poderosos para asegurarse el disfrute de los recursos naturales, alegando los peligros de la contaminación y del agotamiento de las materias primas, si la industrialización se ampliaba cuanto aspiraban todos esos países.
Dos meses después, en la Conferencia de París sobre el Cambio Climático de 2015, (COP21), Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, tuvo como resultado la firma del Acuerdo de París, ratificado por 187 partes. Uno de los considerandos de motivos iniciales, refiere así: “Reconociendo que el cambio climático es un problema de toda la humanidad y que, al adoptar medidas para hacerle frente, las Partes deberían respetar, promover y tener en cuenta sus respectivas obligaciones relativas a los derechos humanos, el derecho a la salud, los derechos de los pueblos indígenas, las comunidades locales, los migrantes, los niños, las personas con discapacidad y las personas en situaciones vulnerables y el derecho al desarrollo, así como la igualdad de género, el empoderamiento de la mujer y la equidad intergeneracional”. En su artículo primero: Por “Convención” se entenderá la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, aprobada en Nueva York en mayo de 1992 (Cumbre de La Tierra de Río de Janeiro)
Los países deberían presentar compromisos climáticos antes de la siguiente cumbre del clima de Glasgow, de modo que, Naciones Unidas pudieran elaborar un Informe de Síntesis previo a la COP26 que, indicase dónde estaba, la situación real del compromiso de los países firmantes, respecto de los objetivos del Acuerdo de París, de mantener la temperatura media del planeta por debajo de 1,5ºC.
En España el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, presentó a las Cortes Generales la Ley 7/2021 de Cambio Climático y Transición Energética. En el Preámbulo II de la Ley, se dice: “El marco internacional está definido. El Acuerdo de París de 2015, el desarrollo de sus reglas en Katowice y la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, marcan el inicio de una agenda global hacia el desarrollo sostenible, que conlleva la transformación del modelo económico y de un nuevo contrato social de prosperidad inclusiva dentro de los límites del planeta”. La estructura gubernamental española referente al Clima se compone, dentro del Ministerio para la Transición Ecológica, de una Secretaría de Estado de Medio Ambiente, la Oficina Española de Cambio Climático y un Comité de Personas Expertas de Cambio Climático y Transición Energética. Además de toda la legislación y estructura técnico-administrativa Medioambiental de las 17 Comunidades Autónomas, con sus respectivas Direcciones Generales y, toda la estructura de Medio Ambiente correspondiente a los Ayuntamientos, Diputaciones y demás Entes Locales.
La Carta Encíclica Laudato SÍ “El cuidado de la casa común”. En abril de 2015 la Iglesia Católica convocó el Concilio Vaticano sobre cambio climático, un consejo para discutir las implicaciones religiosas del “calentamiento global”. Organizado por la Academia Pontificia de Ciencias del Vaticano, y celebrado en la Universidad de la Santa Cruz en Roma, contó con la presencia de dirigentes de Movimientos eclesiales, expertos, científicos, y representantes de la ONU con presencia del secretario general de las Naciones Unidas.
La carta Encíclica Laudato SÍ fue emitida por El Vaticano, antes de la celebración de la Conferencia de la ONU sobre el clima de París en 2015 (COP21), y se considera que tuvo algún impacto en llevar a los líderes hacia un acuerdo. En la Encíclica, el Papa Francisco nos desafía a cuidar de nuestra casa común – “nuestro hogar, mediante el crecimiento en la fe, la esperanza y el amor, - y así, vivir en relaciones saludables con Dios, el prójimo y toda la creación”. “Estamos llamados a ser ciudadanos ecológicos, para tomar decisiones prudentes y tomar acciones audaces”. En su introducción refiere así: “Laudato si’, mi´ Signore – Alabado seas, mi Señor; cantaba san Francisco de Asís”. Es el ejemplo por excelencia del cuidado de lo que es débil y de una ecología integral, vivida con alegría y autenticidad. Es el santo patrono de todos los que estudian y trabajan en torno a la ecología.
Algunas pinceladas sobre la Encíclica, pueden centrar el espíritu y el compromiso ecológico, al menos de los creyentes:
“El ambiente humano y el ambiente natural se degradan juntos, y no podremos afrontar adecuadamente la degradación ambiental si no prestamos atención a causas que tienen que ver con la degradación humana y social”. “Las iniciativas ecologistas pueden terminar encerradas en la misma lógica de la globalización: buscar sólo un remedio técnico a cada problema ambiental que surja, es aislar cosas que en la realidad están entrelazadas, y esconder los verdaderos y más profundos problemas del sistema mundial”. “Junto con el patrimonio natural, hay un patrimonio histórico, artístico y cultural, igualmente amenazado. Es parte de la identidad común”. “La política y la empresa reaccionan con lentitud, lejos de estar a la altura de los desafíos mundiales”. “La mayor parte de los habitantes del planeta se declaran creyentes, y esto debería provocar a las religiones a entrar en un diálogo entre ellas orientado al cuidado de la naturaleza, a la defensa de los pobres, a la construcción de redes de respeto y de fraternidad”. “Cuanto más vacío está el corazón de la persona, más necesita objetos para comprar, poseer y consumir”. “Un cambio en los estilos de vida podría llegar a ejercer una sana presión sobre los que tienen poder político, económico y social.
En 2015 antes de ser publicada la Encíclica y, de la celebración de la Cumbre de París, surgió el Movimiento Católico Mundial por el Clima, en su Declaración fundacional se decía: “El Papa Francisco publicará una encíclica sobre el cuidado del medio ambiente. Con esta declaración, los abajo firmantes pretendemos ahora ayudar a llevar estas enseñanzas de la Iglesia al mundo”. En su actividad y, partiendo de la Encíclica, publicaron la “Guía de Eco-Parroquias” trayendo a la vida Laudato Sí. “Una guía práctica sobre la reducción de emisiones de CO2, la promoción de estilos de vida bajos en carbono, y el cuidado de los perjudicados por el cambio climático; escrita para párrocos, consagrados, agentes de pastoral, consejos pastorales, equipos del Cuidado de la Creación y feligreses en general”. Pero pronto la palabra “clima” se volvió inadecuada, ya que no reflejaba el trabajo más amplio de “conversión ecológica” que era el objetivo final de la puesta en acción de tal Movimiento. Es así que, después de un periodo de reflexión y discusión sinodal, en 2017 es aprobado su nuevo nombre, pasándose a llamar “Movimiento Laudato SI”.
Busca ser un Movimiento guiado por el Espíritu Santo y reúne a una amplio grupo de organizaciones y movimientos católicos y miembros de otras comunidades eclesiales de todo el mundo. Estos miembros caminan juntos en sinodalidad y comunión con la Iglesia Universal, en un viaje de conversión ecológica. Buscando la unidad en la diversidad, los miembros de las organizaciones y de las bases, se reúnen para rezar, para colaborar y movilizarse en respuesta al «clamor de la tierra y al clamor de los pobres». El siguiente eslogan (LS13) define bien su identidad y compromiso: “El desafío urgente de proteger nuestra casa común incluye la preocupación de unir a toda la familia humana en la búsqueda de un desarrollo sostenible e integral, pues sabemos que las cosas pueden cambiar”.
El compromiso de la Iglesia Católica y, de otras denominaciones religiosas por el medio ambiente, es manifiesto, destacando: por una parte, la propuesta previa a la COP26 (Glasgow 2021) del Programa: “Faith Plans for People and Planet” (Planes de fe para las personas y el planeta) como iniciativa mundial de acción ambiental; y, por otra, previo a la COP27 (Sharm El Sheikh 2022) se ha sumado a los acuerdos sobre el clima: "Urge una conversión ecológica". La Santa Sede ha presentado ante el secretario general de la ONU, los protocolos de adhesión a la Convención Marco de 1992 y al Acuerdo de París adoptado en 2015; en un encuentro organizado por la Secretaría de Estado y las Academias Pontificias de Ciencias y Ciencias Sociales.
La Conferencia Episcopal Española ha creado y mantiene activo, el Departamento de Ecología Integral, dentro de la Subcomisión Episcopal de Acción Caritativa y Social y, tiene como objetivo fundamental: “hacer descubrir que el cometido de los cristianos es asumir el cuidado de la Creación, como contenido que forma parte de la fe”. “Su inspiración y doctrina de referencia es la Encíclica Laudato Si , “por lo que el Departamento, fomenta el compromiso ecológico entre las comunidades cristianas y apoya a las diócesis para que visibilicen pastoralmente los planteamientos de la encíclica”.
Su actividad como Departamento, está también abierta al diálogo con la sociedad civil, siempre en el marco de la encíclica Laudato Si y, a elaborar buenas prácticas entre las parroquias e instituciones eclesiales. En este sentido hay que destacar el diálogo y colaboración ecuménica con otras iglesias cristianas, mediante la celebración de jornadas mundiales y actos de oración interreligioso, por una ecología integral y con carácter universal.
Además, programa y celebra jornadas y seminarios académicos de Ecología Integral con el fin de profundizar en aquellos aspectos de carácter científico, empresarial, políticos y de gestión social, en colaboración con la Fundación Pablo VI y Enlázate por la Justicia. Con la participación de expertos y académicos, españoles y extranjeros, para: conocer la investigación científica sobre la crisis ecológica y social, dejarse interpelar por los retos humanos y sociales asociados y, promover, desde una base ética y espiritual, el cambio en los estilos de vida y los modelos de producción y consumo. Temas tan actuales como: problemas de la sostenibilidad, la crisis energética, el extractivismo y su impacto y, siempre, desde la perspectiva de la Laudato Sí con una propuesta de cambios de vida y de los modelos de producción y de consumo. Asistimos a una deriva en la Civilización occidental que se manifiesta de manera muy especial como: Una crisis antropológica, una crisis espiritual y una crisis socio-cultural.
En 2017 fue creada la Comisión Diocesana de Ecología Integral por el cardenal arzobispo don Carlos Osoro, al servicio de la iglesia de Madrid, adscrita a la Vicaria de Pastoral Social e Innovación y coordinada por Justicia y Paz. Entre sus funciones destacan: “favorecer el estudio de la encíclica Laudato Si y discernir las líneas de acción necesarias para su implantación, acompañando a parroquias y fieles en los procesos de conversión hacia una ecología integral que profundice en el diálogo con la sociedad civil y que genere auténticos “Custodios de la Creación” en la diócesis de Madrid. El plan de estudio y formación sobre la Encíclica se divulgó a nivel de Vicarias, mediante jornadas de estudio y la formación de comisiones de expertos e interesados, en los ámbitos de Cáritas Parroquial.
Emilio Chuvieco y Mario Burgui desde la Cátedra de Ética Ambiental de la Universidad de Alcalá, realizaron y trabajan, en Ensayos de Ética Ambiental. Del volumen tercero titulado “Siguiendo la Laudato Si’: “Sugerencias para la Conversión Ecológica de las Parroquias Católicas” y, conforme con el propio subtítulo de la encíclica “Sobre el Cuidado de la Casa Común”, estos autores ponen el énfasis en “la inclusión de los problemas ambientales, poniéndolos en relación con cuestiones sociales y económicas de mucho calado; analizando sus causas, y proponiendo nuevas vías para profundizar en la Teología de nuestra relación con el entorno. Y, determinan que: “No es un manual de ecología, ni de sociología o economía; “es un texto moral que lleva consigo una reflexión doctrinal y espiritual, y que, nos interpela a darle una respuesta, a hacer algo al respecto”. “La cultura ecológica no se puede reducir a una serie de respuestas urgentes y parciales a los problemas que van apareciendo en torno a la degradación del ambiente, al agotamiento de las reservas naturales y a la contaminación”.
“Debería ser y articular una mirada distinta, un pensamiento, una política, un programa educativo, un estilo de vida y una espiritualidad que, conforme una resistencia ante el avance del paradigma tecnocrático”. Y, en un gran esfuerzo de síntesis, esos principios pueden concretarse en las bien conocidas tres “R”: Reducir, Reutilizar y Reciclar; y se permiten añadir dos principios más de gran interés para la Parroquia: “Restaurar y Reeducar. “Reducir todo lo innecesario, en todos los ámbitos”. Además, han propuesto una Guía de Buenas Prácticas Ambientales, para poner en práctica las mejoras ambientales en la gestión o en las infraestructuras de la Parroquia; e incluye el desarrollo exhaustivo y pormenorizado de medidas prácticas, para la acción, estructurada en los siguientes ámbitos: “generación y consumo de energía, material de oficina, construcción y reparación, celebraciones, impresos, agua, comidas, ruido, limpieza, residuos y transporte”.
Escribía Chiara Lubich (1968): «El amor es luz, es como un rayo de luz que, cuando atraviesa una gota de agua, se despliega en un arco iris, en el que se pueden admirar sus siete colores”. Este principio físico, aplicado por similitud en la vida del focolar, sustentada en el amor mutuo, se manifiesta e incluye todos los aspectos de la vida real de cada persona y, de todos sus compromisos y relaciones. Estos aspectos, se articulan mediante la definición de siete (infinitos) ámbitos de la vida y, soportan y guían, el compromiso y el comportamiento de vida: Desde el trabajo y la comunión, la salud y la naturaleza, el estudio o la comunicación; y, en todos ellos, un denominador común: el Amor, como fuente de vida y motor de compromiso para la acción.
En 1991, en palabras de Chiara Lubich: “La salud del Cuerpo Místico, de la humanidad, es la paz. Y la salud del cosmos es la ecología”. En esta frase quedaba intrínsecamente definido el compromiso, que tendría su desarrollo en los Focolares, en lo relacionado con el medio ambiente y la ecología. Surgió así EcoOne, una plataforma de reflexión cultural dentro del Movimiento de los Focolares interesada y comprometida con el mundo de la ecología. En el congreso celebrado en 2005, con motivo de los diez años de su existencia, presentó el eslogan: “Persona-naturaleza”. “Sustentabilidad ambiental y cuestión energética”. No cabe ninguna duda de la preocupación por los temas de la energía, que ya vislumbraban los expertos y personas interesadas, por esa trascendental cuestión; hoy puesta en evidencia en el mundo “desarrollado”. Chiara Lubich escribía: “El hombre no es el centro del cosmos: es Dios”. En esta sentencia-revelación, quedaba bien clara una denuncia radical al comportamiento del hombre, promotor del “desarrollo”; por los medios utilizados, la explotación interesada de los recursos energéticos de la Tierra y, el uso desmedido y descontrolado de los mismos.
Se acuñaba el principio de: ”Sustentabilidad ambiental”. Sustentar no es sinónimo de sostener, el término "sustentabilidad" es más que un calificativo del desarrollo. Excede de la preservación de los recursos naturales y de la viabilidad de un desarrollo, sin agresión al medio ambiente. Implica un equilibrio del ser humano con él mismo y con el planeta, más aún, con el universo. “La sostenibilidad, por otra parte, es esencialmente la posibilidad que tiene cada organismo, cada especie y cada sistema para conservar su estabilidad en un proceso que, con frecuencia, resulta muy vulnerable ya que precisa de otros agentes externos. Pero, la diferente acepción regional de ambos vocablos, utilizados en los factores referidos al medio ambiente, ha determinado su empleo generalizado, por similitud, para definir el desarrollo sustentable y/o sostenible; dado que, se vienen considerando como procesos cuyo objetivo, en última instancia, es lograr el bienestar común, preservando los recursos y los medios, para que puedan ser utilizados y explotados a largo plazo.
El compromiso por el cuidado del medio ambiente, adquirido y mantenido en el tiempo por el Movimiento de los Focolares, ha culminado con la redacción y presentación en junio de 2022 en Estocolmo, del documento “Focolares EcoPlan”. Un Plan Ecológico de comportamiento de vida y de acción concreta, que se manifiesta como una declaración pública del compromiso ecológico de sus miembros y de sus comunidades.
La motivación para tal compromiso, en lo esencial, no es la defensa de la Ecología, tampoco la adhesión a los movimientos de acción política global, es una motivación espiritual por el respeto a todo lo creado, incluido el hombre y su actual modo de vida, al menos, en el mundo llamado desarrollado. La propuesta de vida actual y futura, estará basada, mediante el desarrollo de nuevas prácticas de acción, en la austeridad y la sencillez, inspiradas en los “siete aspectos de la espiritualidad de la unidad”, como articulado del plan de acción ecológica; basados en la premisa del Amor como el factor rector de todo el compromiso y planes de acción. El Amor como fuente de vida y, compromiso personal y comunitario, enraizado y proyectado en las comunidades locales, que conforman la estructura territorial de los Focolares.
5.- ConclusiónHemos presentado un sucinto recorrido por la conceptualización y desarrollo científico e histórico de la Ecología como ciencia. Así mismo, hemos puesto en evidencia la utilización de tan manido concepto, por parte de intereses políticos globales, para fundirlo con el concepto, más amplio y complejo, de “medio ambiente”; hasta conseguir una referencia de integración vital con el ser humano. Bajo esta visión instrumentalista, todo está afectado por alguna cualificación ecológica, en tanto que se viene utilizando para cualquier espacio real o ficticio; para cualquier circunstancia o bien escaso y, para todo lo susceptible de cambio o desarrollo. La involucración del ser humano, como agente activo y pasivo en toda la realidad creada, queda afectado como ser integrado e integrador de lo físico, lo humano y lo espiritual. Así, tiene sentido la afectación en la vida espiritual y religiosa y, por lo tanto, el interés de las grandes religiones y comunidades en adherirse, con sus particulares peculiaridades, a los preceptos e intereses ecológicos y políticos globales.