Estimados clientes.
Desde abril de 2024, la revista Ciudad Nueva se ha fusionado con la revista Ciutat Nova, dando lugar a la revista LAR
Esta página sigue activa para acceder a todos los números de la revista Ciudad Nueva.

Editorial Ciudad Nueva
   
logoIntroduzca su email y recibirá un mensaje de recuperación de su contraseña






                    




articulo

Yo corro por...

Javier Rubio

Pequeñas y grandes iniciativas solidarias demuestran que «la naturaleza nos convoca al amor».
Dolores García, Dolo para los amigos, es de Archena (Murcia) y se encuentra en Hull (Gran Bretaña) por motivos de estudio. Allí le llegó la noticia del terremoto de Lorca. Dolo, muy deportista ella, ya se había inscrito en una «Run for All», es decir, una original carrera solidaria en la que cada participante anota en su dorsal cuál es el motivo que le impulsa a correr. Esos diez kilómetros los iba a correr para colaborar con algo y a la vez hacer deporte, pero cuando unos días antes supo del terremoto en Lorca, no lo dudó: «Yo corro por Lorca». Algunos conocidos se ofrecieron a patrocinar su carrera, pues de eso se trata: dar dinero al que corre para que a su vez él lo done a la entidad caritativa por la que corre. «Al principio –dice Dolo– me sorprendí mucho, porque no me esperaba esa reacción. Pero cuando alguien me dio un sobre con dinero, decidí que ese dinero iba para Lorca». «Era impresionante ver a la mayoría con algo escrito en su dorsal: nombres de personas o situaciones por las que realizaba la carrera. Yo hice lo mismo: Run for Lorca. Al pasar la meta, no pude evitar gritar: ¡Vamos Lorca!». Es sólo un episodio, quizás ínfimo, ante una catástrofe tan grande, pero «mi intención era hacer presente que no nos olvidamos de Lorca, ni de Haití, ni de Japón». Pequeñas iniciativas como está y otras de mayor envergadura se han multiplicado dentro y fuera de Murcia. Cuenta Antonio, un joven de la pedanía de Zarandona, que se acercó a Lorca junto con unos amigos el día después del terremoto. Llegaron al Huerto de la Rueda, donde estaban acampados todos los que se habían quedado sin casa. Querían echar una mano en lo que fuera necesario, pero afortunadamente Cruz Roja, Protección Civil y demás organismos habían cubierto todos los frentes. Optaron pues por visitar algunos lugares que les habían indicado y en las ruinas de una iglesia coincidieron con el obispo, D. José Manuel Lorca Planes. Días después, en el funeral celebrado por las víctimas diría el obispo que se sentía «particularmente emocionado cuando al recibir mensajes de dolor y condolencia me ofrecían, personas e instituciones, toda clase de solidaridad», y añadía: «Agradecemos tantas muestras de solidaridad, que crecen como una ola gigantesca». No obstante, la reconstrucción durará años. «Ese fin de semana –anota Antonio– los niños de primera comunión tuvieron que hacerla a campo abierto, pero sin quitarle solemnidad al evento». «A mí me daba la sensación –añade– de que todo pasa, todo cae; y a la vez, la inquietud de que sólo la vida de las personas importa, ni los muros ni las piedras». Uno de los amigos que acompañó a Antonio era Pablo. Al día siguiente escribió en su blog: «Lorca está en coma, en stand by, como en un eterno domingo». Recorriendo las calles, entre edificios resquebrajados con «grietas que el seísmo dibujó en sus fachadas de forma caprichosa», en una ciudad «habitada pero al mismo tiempo desierta», Pablo no era capaz de imaginar qué significa que la vida te cambie en cinco segundos. Por eso mismo no esconde su satisfacción al ver la cantidad de actos solidarios que se están produciendo, desde la cena organizada por el afamado cocinero Berasategui al concierto «Lorca somos todos», en el que actuaron artistas y grupos musicales de fama, pasando por el concierto ofrecido por varios organistas en la catedral de Murcia. «Me siento algo raro por no saber qué hacer», dice Pablo, pero se equivoca: sólo el hecho de pensarlo, acercarse al lugar y luego colgar sus impresiones en internet supone una ayuda, no material, sino más parecida a la oración. A propósito del concierto de organistas, el organizador, Alfonso Guillamón, estuvo destinado en Lorca catorce años como sacerdote, y también ejerció como profesor de piano en el Conservatorio de Música. «Todo ha cambiado en mayor o menor grado –dice–, pero en general el pueblo ha perdido la alegría que tenía. Luchamos porque esa tristeza se llene de esperanza y vuelva a emerger la ciudad llena de vitalidad». Significativa es la labor de las Clarisas de Lorca. Cinco de ellas han tenido que trasladarse a otra localidad porque el convento se vio seriamente afectado. «Les han quedado sólo dos salas; en una viven ellas y la otra la tienen de capilla, y el bajo está a disposición de distintos grupos –nos cuenta Cándida–. Estas monjas viven del trabajo que hacen planchando trajes de novia y otras prendas, y haciendo dulces. Ahora no tienen donde trabajar». Aún así, la madre María Jesús sabe captar lo positivo de la situación: «Experimentar como nunca la gran generosidad de tanta gente», no sólo con respecto a ellas sino con muchas personas que acuden al convento a exponer sus necesidades, ya sea porque no son capaces de ponerse a la cola donde reparten ayudas o simplemente porque les da vergüenza. Los mismos servicios sociales canalizan a través de estas monjas parte de las ayudas.

Leer más



Política protección de datos
Aviso legal
Mapa de la Web
Política de cookies
@2016 Editorial Ciudad Nueva. Todos los derechos reservados
CONTACTO

DÓNDE ESTAMOS

facebook twitter instagram youtube
OTRAS REVISTAS
Ciutat Nuova