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Juan Pablo II, un inmenso regalo

Ana Moreno Marín


Mayo ha sido un mes extraordinario, y no sólo por la beatificación de Juan Pablo II, que millones de personas siguieron por televisión (600 jóvenes de la JMJ lo vieron en directo desde Madrid). Es el mes de María, tan amada por el Papa, y es el mes en que hemos pasado la barrera de los 100 días para la JMJ Madrid 2011 y la cifra de las 340.000 personas de más de 170 países diferentes inscritas en ella. Ha habido más acontecimientos internacionales y nacionales que merecerían una reflexión, pero en Código 20 hemos decidido centrarnos en el inmenso regalo que Juan Pablo II ha sido y es para la juventud, en su legado, que aquí desmigamos de forma somera a través de testimonios, porque el Papa de los jóvenes supo llegar a sus corazones y marcarlos para siempre. Loli tuvo la fortuna de conocerlo muy de cerca. Vivió en primera persona el nacimiento de las jornadas mundiales, idea de Juan Pablo II en 1980. Después preparó activamente su encuentro con los jóvenes en el estadio Santiago Bernabéu en 1982. «Leí en la celebración y participé durante todo un año en la preparación con jóvenes de muchos movimientos y asociaciones de la Iglesia, así como representantes de todas las diócesis. Preparando la acogida, barajamos mil modos de dirigirnos a él. Y optamos por empezar: “Juan Pablo, amigo�». Loli leyó la monición a la carta de san Juan y recuerda especialmente una frase: «En su carta, el apóstol san Juan lanza un grito de esperanza y de triunfo: no tengáis miedo; yo he vencido al mundo». Miré al papa y él me miraba con amor y decisión. Me transmitió esa realidad: ¡fuera los miedos! A mi generación nos tocó una época dura para ser cristianos. Salíamos de los años de protección estatal a la Iglesia, y estaba mal visto declararse creyente. Más de una vez me había sentido marginada o perseguida por ello. Pero ahí me sentí como en el cenáculo, cuando los apóstoles, después de la muerte de Jesús, pierden el miedo y salen al mundo a anunciar la buena noticia del Evangelio. Marcó mi vida, porque tomé la decisión de no volverme nunca atrás, de anunciar con la vida que Jesús sigue vivo». Un mensaje, «no tengáis miedo», y una llamada, a la santidad, son dos legados de este papa, ya beato tan sólo seis años después de su muerte. Nos lo repitió siempre y siempre sonaba nuevo. Recuerdo que ese mismo mensaje tocó mi alma en el 2003, en otro encuentro con jóvenes en la explanada madrileña de Cuatro Vientos bajo el lema «Seréis mis testigos».

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