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ESAS COSAS

Manuel Morales

El “amor fríoâ€
Por lo visto, en el mundillo de la música se distingue bien el jazz caliente del jazz frío. El jazz caliente (hot) es el jazz apasionado, ardiente, expresivo, hecho de impulsos, de sentimientos y, por tanto, de cabriolas y de improvisaciones originales. El jazz frío (cool), en cambio, es el que tocan los que se han vuelto profesionales: los sentimientos se vuelven repetitivos, la inspiración se sustituye por la técnica, la espontaneidad por el virtuosismo. ¿A qué viene esto? Pues viene a propósito de un sermoncito que el conocido fraile capuchino Raniero Cantalamessa pronunció recientemente y que lo deja a uno descuajaringadito. Lo hace muy bien. Recurre a la música jazz para explicar las dos dimensiones del amor humano y advierte de las malas consecuencias que se derivan de separar esas dos dimensiones: el eros y el agape. El eros es necesidad, pasión, afecto vehemente, de abajo hacia arriba; el agape es amor descendente, generosidad, entrega, sacrificio, fidelidad, olvido de uno mismo. Dos dimensiones inseparables, como las dos valvas que esconden la perla preciosa del amor íntegro y verdadero. ¿Que cuál es el problema? Pues que nuestro mundo secularizado, que no quiere cuentas con Dios, reduce el amor a algo meramente profano. Novelas, películas, series televisivas, internet, revistas “rosa†se encargan de demostrarlo: el amor es algo sensible, romántico, pasional... y más cosas, porque llega también a la violencia, a la reducción del otro a objeto, etc. Los creyentes, en general, nos quedamos con el amor frío, “religiosoâ€, cerebral, que no desciende al corazón, como un sol de invierno que ilumina pero no calienta. Incluso cuando nos dirigimos a Dios, lo hacemos como esos enamorados inexpertos que escriben a la amada cartas copiadas de un prontuario. Los sentimientos repetitivos del jazz frío. Así es que el mundo, por un lado, con un eros sin agape, y nosotros, por otro, con un agape sin eros. El amor mundano, un cuerpo sin alma; el amor religioso, un alma sin cuerpo. ¿No es para descuajaringarse? ¿No se le hiela a uno la sangre? Me suena todo a un grito de alarma.

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