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Revista abril - 2011
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Mirador
> Por favor, ¡muérdeme!
Por favor, ¡muérdeme!
Miguel Galván
Los vampiros están de moda y apasionan a la gente joven. ¿Será porque se han modernizado?
Saltando de los estantes de las bibliotecas, los vampiros, que vivÃan aletargados en algún perdido castillo de Transilvania, han vuelto a aparecer hace ya unos años. ¿Cuál ha sido la causa? Pues la saga «Twilight» de la escritora Stephenie Meyer, que empezó a embrujar al público juvenil a partir de 2005 y luego tuvo la suerte –todo hay que decirlo– de que las versiones cinematográficas de sus obras tuvieran éxito. Los vampiros son una invención mitológica que tiene un abultado currÃculum. Arranca en la prehistoria y desemboca en la cultura posterior al Renacimiento. Muestra de esto es que todo un personaje “ilustradoâ€� como Voltaire escribiera en su Diccionario Filosófico lo siguiente: «Los vampiros eran cadáveres que salÃan de su tumba por la noche para chuparle la sangre a los vivos, tanto en el cuello como en el estómago, y luego volvÃan a su cementerio. Las personas a quienes les chupaban la sangre se debilitaban, se volvÃan pálidas y empezaban a consumirse, mientras que los cadáveres que chupaban sangre cogÃan peso, su aspecto se tornaba rosado y gozaban de muy buen apetito. Fue en Polonia, HungrÃa, Silesia, Moravia, Austria y Lorena donde los muertos pudieron gozar tanto». Los vampiros han sido asociados a los murciélagos por el simple hecho de que son animales nocturnos. Estos bichos –en esto no se diferencian mucho de nuestros hijos– prefieren dormir mucho durante las horas diurnas y salir a descubierto cuando los envuelve la oscuridad de la noche, que es su verdadero espacio vital. Me pregunto si no será esta asociación “vespertinaâ€� lo que ha determinado el reciente éxito de los vampiros. ¡Quién sabe! Sea como sea, la fascinación “darkâ€� de los murciélagos y los vampiros está indudablemente unida a la densa atmósfera nocturna, perfectamente indicada para todo tipo de evento imprevisible, inquietante y horripilante. El paso del murciélago al vampiro es, sin embargo, un poco largo. Los murciélagos se alimentan de insectos, de frutos y de polen. Hay sólo una especie, que habita en América central y del sur, que les chupa la sangre a los animales domésticos. Aho-ra bien, el que se inventó esa asociación entre murciélago y vampiro fue todo un fenómeno cultural, pues no tenÃa noticia de esos mamÃferos sudamericanos, sino que se dejó llevar por su poderosa fantasÃa de escritor. Estamos hablando del irlandés Bram Stoker. Éste, basándose en algunas leyendas, escribió en 1897 la novela Drácula, y con ella consiguió darle voz a «las ansias de una época», su época victoriana, cuyos buenos modales eran mera fachada. Desde entonces los vampiros se han quedado con nosotros.
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