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CINE

José Luis Panero

¿Gala cristofóbica?
El 13 de febrero el cine español se vistió de gala para hacer el ridículo, y eso que los Premios Goya estaban celebrando su primer cuarto de siglo. Nada tiene que ver que al sarao acudieran la ministra de Sanidad, Leire Pajín (¿a ver si alguien fumaba por allí?), la vicepresidenta y ministra de Economía, Elena Salgado (¿para valorar el dispendio público con que se iluminaba a la progresía?), o el ministro de Industria, Miguel Sebastián. Naturalmente, también acudió la ministra estrella, Ángeles González-Sinde, titular de Cultura y promotora de una ley que lleva su nombre, enmarcada dentro de la Ley de Economía Sostenible, que es la causa directa de la dimisión del presidente de la Academia de Cine, Álex de la Iglesia, pues nunca estuvo de acuerdo con esa ley (ya lo dijo el presidente de la Asociación de Internautas, Víctor Domingo: «Los políticos se convierten en jueces y los jueces en notarios: hemos vuelto a un Estado totalitario»). Vanos esfuerzos hizo el realizador de «Balada triste de trompeta», fracasada en esta edición de los Goya, para mediar entre la ministra y los internautas. Y al finalizar la gala, De la Iglesia era libre y desveló uno de los secretos mejor guardados: «Necesitamos Internet». Después de esto, lo más llamativo de la gala fue el constante desprecio por la Iglesia, algo de lo que abundó el presentador, Andreu Buenafuente, el intelectual más profundo de la tele de Jaume Roures. Ya sabemos cómo se las gasta el presidente de Mediapro: «Para amargarnos, nos casamos, tenemos hijos y al Opus Dei», dijo hace dos años cuando «Camino», filme que él produjo, triunfó en estos premios. Para justificar su presencia en la edición 2011 (en el paripé del año pasado presuntamente se iba a criar malvas), Buenafuente abundó en escenas de películas de los últimos años en las que él siempre sale bien parado. Entre ellas, una de «Camino» en la que no duda en soltar un «a ver si las “hostias” las voy a tener que dar yo». No hemos aclarado que para esta ocasión, el intérprete se había convertido en un pseudodiós a las órdenes de Antonio Resines, el dios en sí mismo, emulando un conocido anuncio publicitario. ¿Crisis de ideas? Pero hay más. Tres de las cuatro películas punteras, «Balada triste de trompeta» (Álex de la Iglesia), «También la lluvia» (Icíar Bollaín) y «Pa negre» (Agustí Villaronga) comparten patrón argumental, repitiendo prejuicios anticlericales y de interpretación histórica al abordar el tema de la guerra civil. Con toda la movida reinante, los académicos castigaron a De la Iglesia y a Bollaín, que partían como favoritas (15 y 13 candidaturas respectivamente), y premiaron con 9 Goyas a «Pa negre» (optaba a 14), encumbrando un filme que desarrolla una turbia trama homosexual, cuyo resultado definitivo ronda lo sórdido, rematado de tópicos “guerracivilistas” y adornado de un deformado retrato de la Iglesia católica. Añádanle un tono crudo, áspero y a menudo desagradable. Pues bien, este producto, que estuvo en los cines españoles quince días, es lo que más ha gustado a los académicos.

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