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El esplendor del Románico

Clara Arahuetes

La colección de arte románico es uno de los atractivos del Museo Nacional de Arte de Cataluña.
La pinacoteca, situada en el Palau Nacional de Montjuïc, edificio construido para la Exposición Internacional de 1929, alberga también obras del Renacimiento, del Barroco y de los siglos XIX y XX. Gracias a la aportación económica de la Fundación Mapfre se ha podido renovar las salas dedicadas al Románico y por el acuerdo entre ambas instituciones, podemos ver en Madrid una exposición excepcional: El esplendor del Románico. Ocasión única que difícilmente volverá a repetirse; estas obras sólo salieron del museo durante la guerra civil, cuando fueron trasladadas a París para salvarlas de los bombardeos. La mayor parte de la colección (siglos XI, XII y XIII) procede de las iglesias románicas de los Pirineos y fueron compradas entre 1919 y 1923 para evitar su exportación. Además de los conjuntos catalanes, la institución posee obras aragonesas y castellanas. El término “románico� se introdujo en el siglo XIX para designar las lenguas derivadas del latín. Se llamó así también a las manifestaciones artísticas de la Europa cristiana en torno al año 1000, pues se decía que las fórmulas arquitectónicas de la época derivaban del arte romano. El desarrollo económico y comercial, así como la gran red de centros de peregrinación, facilitó el intercambio de ideas y cultura. En los siglos del Románico el arte era considerado una forma de conocimiento, como lo era la ciencia, pero mientras que ésta anhelaba el saber puro, las imágenes eran indispensables para inculcar las enseñanzas de la Iglesia a los iletrados. Para el que no sabía leer, los frescos que cubrían los muros de las Iglesias, así como los relieves escultóricos, reflejaban la Palabra de Dios. El pintor y el escultor debían instruir, deleitar y emocionar, expresando el contenido de manera sencilla y clara. El ideal de las artes figurativas del Románico radica en lo sobrenatural, en aquello que se escapa a la percepción de los sentidos. Por ello rechazó lo temporal y accidental de las cosas en aras de lo esencial, permanente y perfecto. Supeditado al marco arquitectónico, el arte románico se caracteriza por la tendencia a la geometrización y a la abstracción, con una estética antinaturalista en el color y la ausencia casi total de referencias espaciales, predominando lo simbólico.

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