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La profecía del remendón

Roberto Catalano

Tenía valor hasta para regalar. Vivía en Calcuta cuando tuvo la intuición del movimiento ecuménico.
Han pasado a la historia como el trío de Serampur; a saber: William Carey, Joshua Marshman y William Ward, tres ingleses de confesión baptista que dejaron el apacible paisaje de Northamptonshire en la época de la Inglaterra previctoriana de finales del siglo XVIII, y se fueron a la húmeda Bengala, no muy lejos de Calcuta. Ya entonces esta ciudad era el centro del tráfico comercial de la Compañía de las Indias Orientales desde hacía un siglo y pocas décadas más tarde se convertiría en la segunda ciudad del imperio, después de Londres. A nuestros tres personajes no se les permitió que entraran en la gran ciudad. Antes de 1813 no les estaba permitido a los misioneros trabajar en los territorios controlados por el comercio británico. Su presencia habría podido causar problemas con la población local y hacer peligrar los intereses comerciales. William Carey, zapatero de profesión, se había hecho pastor baptista y fue el primero de los tres en dejar su patria. Al llegar a la India, lo invitaron a abandonar el barco antes de atracar en el puerto de Calcuta y lo ayudaron a llegar a Serampur, un pedazo de tierra controlado por la corona danesa a orillas del río Hooghly. El paisaje de Bengala es verde y exuberante, pero adolece de una excesiva humedad tropical que vuelve el aire casi irrespirable. En la época en que llegaron estos tres pastores ingleses, la zona no era precisamente hospitalaria y su sociedad se caracterizaba por formas religiosas propias del hinduismo ritualista, controladas por los brahmanes. La sociedad estaba divida en castas, las viudas solían arrojarse a la pira funeraria de sus maridos para conseguir la salvación y para no tener que soportar las terribles consecuencias de la viudedad. Los matrimonios se llevaban a cabo en edad escolar y por eso las niñas quedaban analfabetas. Pues bien, en ese contexto sería donde surgiría unas décadas más tarde el proceso religioso-cultural conocido como Renacimiento Hindú o Neohinduismo, al que también contribuyeron los tres ingleses. No partieron en misión solos, sino acompañados de sus familias. Decisión heroica. Carey perdió a un hijo apenas llegaron, y el golpe fue tal que a su mujer le sobrevinieron problemas mentales. La intuición de Carey tiene algo de profético. No sólo había entendido que la invitación de Jesús de ir por el mundo a predicar la buena nueva no se había agotado con los apóstoles, tal y como mantenían muchos colegas suyos en el ámbito de la Reforma, sino que se dio cuenta de que para dar un auténtico testimonio cristiano había que ser comunidad, y por eso insistió hasta que murió en la idea de una misión comunitaria y laica. En Serampur las tres familias daban «un raro ejemplo de vida comunitaria –escribe uno de sus biógrafos–, pues todos los miembros vivían bajo el mismo techo, aunque en apartamentos separados. Las comidas, el trabajo y las oraciones eran en común, pues tenían una misma motivación: todos estaban comprometidos en el anuncio de la Palabra de Dios a las gentes del lugar, y todos trabajaban en ello con espíritu de sacrificio y de cooperación». Cada uno de los tres tenía distintas funciones. Carey, tras haber trabajado en una fábrica de índigo, dio clases durante años en el primer colegio británico de Calcuta, tarea a la que fue invitado precisamente por las mismas autoridades que tendrían que haberle impedido su presencia en la India. Marshman y su mujer, Hanna, también trabajaban en el ámbito pedagógico. Abrieron escuelas elementales para combatir el analfabetismo, sobre todo el de las niñas. Ward, por su parte, instaló una imprenta e imprimía sobre todo biblias, que los otros dos traducían con la ayuda de los pundit (maestros) a un ritmo impresionante y agotador a las distintas lenguas locales: sánscrito, hindi, marathi, bengalí, etc.

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