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Pasión por Renoir

Clara Arahuetes

En la obra de Renoir podemos ver la influencia de los mejores creadores del pasado.
En la obra de Pierre Auguste Renoir (1841-1919), uno de los artistas más importantes del Impresionismo, podemos ver la influencia de los mejores creadores del pasado, entre ellos Tiziano, Rubens o Velázquez, a quienes admiró en una visita que hizo al Museo del Prado en 1892. El artista quería que su obra enlazara con la de los grandes maestros, sobre todo después de su viaje a Italia en 1881. El Museo del Prado, con el patrocinio de la Fundación BBVA, acoge la primera exposición monográfica dedicada a Renoir en España. Las obras proceden del Clark Art Institute de Williamstown (Massachussets). Son pinturas adquiridas por Sterling y Francine Clark durante cuatro décadas, entre 1916 y 1952. Los americanos, antes que los propios franceses, se dieron cuenta de la importancia del Impresionismo, lo que explica que la mayor parte de este tipo de pintura esté hoy en colecciones americanas. La exposición, situada en el centro del Museo, cerca de Velázquez, Tiziano y El Greco, muestra todas las épocas y todos los temas que trató Renoir: el retrato, el paisaje y el bodegón. En sus obras se percibe los puntos de contacto con otros artistas del Impresionismo, pero también la influencia de distintas tradiciones –la veneciana, la pintura italiana del Renacimiento, la flamenca, y la pintura francesa del siglo XVIII–. Vemos así el profundo interés de Renoir por la figura humana, que le llevó en numerosas ocasiones a abordar su expresión más individual, el retrato. En su «Autorretrato» de 1875, el pintor parece interpelarse a sí mismo. Se representa vestido de forma elegante, lo que choca con el tratamiento del rostro, el cabello, el bigote y la barba, que aparecen desaliñados. Su mirada en actitud de alerta mira más allá del espectador. Las pinceladas sugieren las texturas de la piel y el pelo con un ritmo irregular y discontinuo. La cara adquiere relieve por el contraste entre las gruesas capas de pigmento y las finas pinceladas del fondo. En cambio, en otro «Autorretrato» (1899) se representa como un burgués respetable, con expresión tranquila y pensativa, sin nada que indique su profesión de pintor. La profunda sombra de la derecha alude a su fragilidad física.

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