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Revista diciembre - 2010
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Palabra y vida
> Me llaman Stella
Me llaman Stella
Catalina Ruiz
La historia de Chiu Yuen Ling: desde el agnosticismo a la fe cristiana, terminando en la labor del diálogo interreligioso.
Su nombre es Chiu, pero todos la llaman Stella: «Es el nombre que me dio Chiara Lubich –dice– el dÃa de mi bautismo, y su significado profundo creo que es el de ser una estrella que brilla en la noche mostrando el camino hacia Jesús». Stella nació y creció en Hong Kong, una ciudad ultramoderna cuya cultura de raÃz oriental se mezcla y convive con la influencia occidental. Su familia no es cristiana, como la mayorÃa de las familias de allÃ, pero cada cual sigue la religión que prefiere. De hecho, su padre y una hermana no son creyentes, pero su madre es de tradición confuciana y tiene un hermano católico y una hermana baptista. Eso sÃ, se tienen un gran respeto y se consideran una familia muy unida. «Yo iba a la escuela anglicana –cuenta–, pero no tenÃa ninguna religión. ConocÃa la Biblia, pues era materia de estudio, pero no sentÃa necesidad de Dios. Todo me iba bien, no me faltaba de nada y, si Dios existÃa, no tenÃa nada que ver conmigo». Stella acabó siendo inspectora de policÃa. Después de licenciarse en literatura inglesa y china, optó por meterse en una profesión aventurera y se hizo policÃa: «CreÃa profundamente que con la fuerza de la ley habrÃa ayudado a hacer justicia, a mantener la seguridad y, como consecuencia, el bienestar de la sociedad». Pero en realidad se vio metida en un mundo donde los valores morales, la mentalidad y el comportamiento eran totalmente distintos a lo que estaba acostumbrada. «Una vez, por ejemplo, un criminal que habÃa sido arrestado logró destruir las pruebas en su contra. Y alguien, sabiendo que él habÃa cometido el delito, fabricó otra prueba. Yo dije claramente que no estaba de acuerdo, pues no me parecÃa lÃcito que para hacer justicia hubiera que recurrir a medios injustos». O sea, que no todo le era fácil y llegó el momento en que se sintió desorientada, incoherente con los principios que la habÃan llevado hasta allÃ, y se preguntaba: «¿Por qué existen el dolor y el mal y nadie puede aliviarlos?».
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