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Revista diciembre - 2010
>
Palabra y vida
> Ayúdame a nacer
Ayúdame a nacer
Sebastián Minot
En la parada del autobús, aquella mujercilla tan grande.
Una frÃa mañana de invierno, esperando en la parada del autobús, vi en la acera de enfrente a una viejecita que caminaba muy despacio apoyándose en un bastón. Se acercó al paso de cebra para cruzar. Los coches pasaban uno tras otro veloces, hasta que por fin se detuvo uno y la dejó pasar. Ella giró la cabeza y, mientras caminaba lentamente, no dejaba de mirar sonriente al coche que la estaba dejando pasar. Entonces le salà al encuentro para ayudarla a subir el bordillo de la acera, pero por dentro ardÃa de indignación por todos los que no se habÃan parado. Ella me dio la mano mientras volvió a mirar al coche, que ya estaba lejos. Luego me ofreció una sonrisa que me pareció hermosÃsima y dijo: «¿Verdad que hay gente buena en el mundo?». Llegó el autobús y la ayudé a subir. En medio de tantos rostros que parecen cajas fuertes, aquella abuelita me parecÃa un tesoro que el autobús transportaba sin que nadie se diera cuenta. La volvà a mirar, aún sorprendido por la lección que me acababa de dar: no habÃa prestado atención a los que no la habÃan dejado pasar, sino que sólo vio al que se habÃa parado. Le dije: «Qué distinto serÃa el mundo si sólo viéramos lo bueno y no lo malo». Entonces interviene un señor y dice: «SerÃa el fracaso de los telediarios y los periódicos. Y ¿de qué se iba a nutrir la polÃtica? Veneno, veneno, es el único recurso de cualquier poder. Ahora estoy yendo a denunciar a mi vecino, que no me deja dormir con sus juergas nocturnas. Él nos envenena la vida y lo único que puedo hacer es destruirlo. ¡Esta vez se va a enterar!» La viejecilla lo miró con maternal comprensión y luego se puso seria: «TenÃa un hijo que seguramente era como su vecino. Murió a los treinta y tres años de sobredosis. Cuando voy a su tumba, me parece que lo estoy viendo en la cuna, pequeño, indefenso, necesitado de protección. Ya nada le puede hacer daño, pero es como si siguiera pidiéndome ayuda. Y yo sólo puedo seguir defendiéndolo.
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