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La edad de oro de la pintura holandesa y flamenca

Clara Arahuetes

El Museo Guggenheim de Bilbao muestra los fondos del Städel Museum de Frankfurt.
Siguiendo la idea de que para comprender el presente hay que conocer el pasado, el Museo Guggenheim de Bilbao muestra los fondos del Städel Museum de Frankfurt, primera fundación civil alemana, impulsada por el comerciante y banquero Johann Friedrich Städel (1728-1816). La colección ofrece una visión de la pintura europea desde 1300 hasta la actualidad. En la segunda mitad del siglo XVI los Países Bajos se rebelaron contra la dominación española y se convirtieron en una potencia comercial. Esta época de prosperidad tuvo su reflejó en la producción artística y se conoce como «Edad de oro de la pintura holandesa y flamenca», que se extiende desde 1580 hasta principios del siglo XVIII. De este periodo se exponen 130 obras en cinco secciones: Naturalezas muertas, Historia, Paisaje, Retrato y Pintura de género e interior. Los artistas representados nos ofrecen una panorámica excepcional del esplendor cultural: Vermeer, Rembrandt, Frans Hals, Rubens, los Brueghel, Jordaens y Teniers, Gerard ter Borch, Jan Steen, Jan van Goyen, Cornelis de Heem, Karel van Mander, etc. La estrella de la exposición es uno de los símbolos de la pintura holandesa: «El geógrafo», de Vermeer, obra que combina la elegancia pictórica con la ciencia, por el uso de un instrumento óptico: la cámara oscura. Se aprecia esto en algunas peculiaridades de la pintura, como los destellos de luz de forma circular o la coexistencia de zonas enfocadas y desenfocadas. Pero lo que más llama la atención en la obra de Vermeer es la sensación de que el tiempo se ha detenido. Los protagonistas de sus obras están construidos por una luz que inunda la estancia, que entra generalmente a través de una ventana situada a nuestra izquierda y se refleja en la pared, en los objetos y en los personajes, creando un clima cálido. La primera sección de la exposición está dedicada a las naturalezas muertas, que fascinaron a los coleccionistas de la época y se convirtieron en símbolo del estatus de su propietario. El bodegón no sólo reproducía la realidad, pues las obras de Brueghel el Viejo contienen interpretaciones alegóricas o morales, además de la exquisitez de las plantas que exhibe, como «Ramo de flores en un jarrón de vidrio». Por su parte, las «vanitas» evocan lo perecedero de los bienes terrenales y representan el sentimiento barroco de la vida, como la obra de Peter Willebeeck. Los objetos pintados reflejan el auge de Holanda como exportadora: «Bodegón con peces sobre una mesa de cocina», de Jacob van Es.

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