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Revista julio - 2010
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> Huesca
Huesca
Clara Arahuetes
Huesca conserva en sus calles ecos de su pasado milenario.
En la parte vieja de la ciudad, distintas civilizaciones han dejado su impronta en el arte de sus monumentos, en el urbanismo y en la cultura que ha llegado hasta nosotros. La Bolscan ibera se convirtió en Osca con la llegada de los romanos en el año 76 a. de C. La ciudad vivió una época de esplendor con Quinto Sertorio, que la dotó de instituciones, acuñó moneda, creó un senado y una “universidadâ€� que rivalizase con las escuelas de Atenas y Roma en los estudios de griego y latÃn. Osca fue cristianizada también con rapidez y en los siglos siguientes fue cuna de varios santos. Más tarde, los visigodos fueron dominados por los árabes, que ocuparon la ciudad en el siglo VIII. Se convirtió entonces en plaza fuerte de la frontera norte, rodeada por una muralla que aún se conserva en parte, y pasó a llamarse Waska. La dominación árabe duró cuatro siglos durante los cuales la ciudad se desarrolló en todos los sentidos, pero también fue una época de luchas contra los reinos cristianos: el califa estaba lejos y Carlomagno, muy cerca. En el pre-Pirineo oscense está el Salto de Roldán, dos peñas que según la leyenda, Roldán tuvo que saltar para escapar de sus perseguidores en su regreso a Francia. Este hecho aparece en el escudo medieval de Huesca. El rey Sancho RamÃrez fue herido mientras planeaba el ataque a Huesca en 1094 y antes de morir hizo jurar a su hijo Pedro I que no levantarÃa el sitio hasta que no la conquistase. Asà lo hizo en 1096 con la ayuda de San Jorge, según otra leyenda recogida en las Crónicas de San Juan de la Peña. Se convirtió asà en capital del reino de Aragón.
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