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Ser libre

Aurelio Cerviño

Un libro para reflexionar sobre la auténtica libertad y la autoestima. El amor de entrega a los demás como pauta de madurez psicológica. Entrevista a Iñaki Guerrero.
El psicólogo Iñaki Guerrero acaba de publicar el libro «Cómo ser libre. Manual de instrucciones». Dialogamos con él sobre puntos claves como son la autoestima, la reciprocidad, las emociones, la depresión, la felicidad y el arte de amar. –Un título sugerente: «Cómo ser libre». ¿De qué nos tenemos que liberar? –Cuando se habla de libertad se tiende a pensar en una libertad externa: que se me permita hacer lo que quiero o lo que creo, que nadie me obligue a actuar de una forma con la que no estoy de acuerdo, o cosas por el estilo. En realidad la auténtica libertad, la que es fuente de felicidad, es la que podríamos llamar “libertad psicológica”, la libertad interior; es decir: ser libre para hacer lo que realmente creo y quiero hacer a pesar de que me resulte difícil y no siempre agradable, a pesar de que me exija esfuerzo, etc. Ésa sería la verdadera libertad, aquella que me libera de mis miedos y mis complejos permitiéndome dar el máximo de mí mismo. –Desde hace varios años se habla mucho de la autoestima. ¿Estar demasiado atento a uno mismo no puede llevarnos a cerrarnos en nosotros mismos? –La característica más importante de una persona con una buena autoestima es la de no mirarse casi nunca a sí mismo, pues no lo necesita. En cambio, la persona con una mala autoestima está siempre replegada sobre sí misma, preocupada por cómo la mirarán, qué pensarán de ella, cómo debe actuar para ser aceptada, etc. Es importante señalar que frecuentemente se confunde autoestima con autoimagen y se piensa que tener una buena autoestima es tener una imagen muy positiva de uno mismo y que a mejor imagen, mejor autoestima; pero eso no es cierto. Una buena autoestima (amor o aprecio por uno mismo) es quererse uno a sí mismo tal y como es, aceptarse con virtudes y defectos. Para ello lógicamente es necesario tener una autoimagen realista. –Desde la psicología se afirma que somos seres relacionales. ¿Cuál es el equilibrio entre la autoestima y la apertura al otro? –Una buena autoestima es aquella característica de la persona que le permite abrirse a los demás, pensar en el otro, preocuparse por él. Quien se acepta a sí mismo no necesita la aprobación externa, es libre del “qué dirán”. Esforzarse por poseer una buena autoestima es esforzarse por estar abierto al otro. Las relaciones con los demás serán más satisfactorias cuanto mejor sea la autoestima. –En su libro aborda temas muy puntuales como el inconsciente, las emociones o la depresión. ¿Desde qué perspectiva lo hace? ¿Se quiere dar herramientas concretas al lector? –Abordo estos temas desde la teoría cognitivo-conductual, que introduce ciertos matices, sobre todo en lo que se refiere a la terapia. Esta teoría afirma que las emociones fuertes, cuando son negativas, como el miedo, la ansiedad, la tristeza o la ira, pueden condicionar totalmente nuestra conducta, llegando incluso a perder el control racional de la misma y generando un fuerte malestar. Por otro lado, estas emociones son generadas por pensamientos inconscientes que se activan de forma automática en nuestra mente frente a determinados acontecimientos. La persona normalmente no se da cuenta de qué está pensando, pero el pensamiento activa la emoción y ésta a su vez empuja a actuar de una forma, que como hemos dicho, no siempre es lógica o racional, por lo que nos puede crear muchos problemas a nosotros mismos y a quienes nos rodean. En este libro doy pautas para captar los pensamientos inconscientes hasta llegar a hacerlos conscientes y así poder ponerlos en discusión para ir poco a poco desactivándolos. Al hacerlo, pierden fuerza y las emociones que generan se debilitan, de manera que resultan mucho más controlables permitiéndonos actuar de una forma más racional. Este proceso ayuda a la persona a madurar y a sentirse más feliz y más realizada. Estas técnicas son descritas en el libro de forma concreta para que resulte fácil ponerlas en práctica, aunque en algunos casos será conveniente buscar el apoyo de algún psicoterapeuta. –Una constante en sus páginas es la referencia al amor, destacando sus virtudes psicológicas. ¿Es una de sus claves terapéuticas? –El amor, entendido como altruismo, como capacidad de entrega a los demás, de preocuparse por los otros, es una señal de madurez psicológica. Cuanto más madura es una persona, más capaz es de amar a los demás. Paradójicamente, eso quiere decir que la persona debe ser capaz de amarse a sí misma, de aceptarse tal y como es. En otras palabras, ha de tener una buena autoestima. Erich Fromm decía que no hay contradicción entre quererse a sí mismo y querer a los demás, pues solamente en las personas que se quieren a sí mismas se da un auténtico amor por los demás. Por otro lado, podemos decir que en el amor se encuentra la plenitud de la felicidad. Martin Seligman afirma que cuanto más feliz es una persona, es más altruista. Hay una relación directa entre felicidad y amor a los demás. En el proceso de maduración psicológica de la persona, el tratar de amar a los demás, de despreocuparse de sí mismo para preocuparse por los que nos rodean, es terapéutico pues puede ayudar a superar pequeños traumas y déficits de nuestra autoestima, lo cual a su vez nos hace más capaces de amar. Por lo cual se puede afirmar que el amor es medio y fin. Como conclusión, yo diría que el amor no es sólo terapéutico, es mucho más que eso. Es lo que nos permite alcanzar la plenitud de la libertad y de la felicidad.


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