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«No canta el pajarillo porque es feliz; es feliz porque canta». La frasecita, que tiene meollo, la leí en la columna de psicología del número de abril. La pregunta decía: «A veces no tengo ganas de hacer nada porque ando decaída, y me encierro en mí misma. Eso me disgusta; quisiera ser distinta. ¿Qué puedo hacer para cambiar?». Y el buen profesor, al que conozco personalmente, le habla de una ley que se estudia en Psicología, según la cual «si tú te formas en la mente una imagen de cómo te gustaría ser y logras conservarla un tiempo suficiente, acabas convirtiéndote exactamente en eso que piensas». ¿Qué tal? Sorprendente, ¿no?
O sea que para “hacer algo” (para animarse, en este caso, y lanzarse y salir del decaimiento) no es necesario “sentirlo”, ni “estar motivados”. Basta con ponerse en marcha incluso sin motivación, comportarse como a uno le gustaría, y ahí, en la misma marcha, surge el sentimiento y surge la motivación. ¡Tela marinera!
«No canta el pajarillo porque es feliz; es feliz porque canta». Aquí se trata de “cantar” siempre y por encima de todo. ¿O sea que, por ejemplo, yo estoy de mal humor, pero empiezo a actuar de una forma feliz y automáticamente me puedo sentir feliz? ¿Quiere decir entonces que el comportamiento es capaz de modificar el sentimiento y el sentimiento capaz a su vez de modificar el pensamiento? Pues así es, sí señor. Y para confirmarlo cita el profesor a un psicólogo norteamericano, que de estas cosas son los que más saben, William James. Se trata, por lo visto, de un proceso que se llama “visualización”: tú te formas en la mente una imagen positiva, aprendes a mantenerla sin permitir que nadie te la debilite y consigues transformarla en realidad. ¡Dicen los entendidos que es éste el mayor descubrimiento de los últimos cien años en el campo del desarrollo humano!
¡Qué curioso! Esto es lo que yo he predicado tantas veces a otros: que en la noche tienes luz en el faro de la bicicleta sólo si pedaleas. Ya puedes lamentarte y bloquearte que, como no te muevas, la luz no se enciende. ¡Cómo satisface que las verdades del Evangelio, verdades como puños, se puedan expresar así, en lenguaje laico, “civil”, con los elementos de la ciencia psicológica! ¿No es esto lo mismo que dice San Juan de la Cruz: «Pon amor donde no hay amor y encontrarás amor»? Tú “canta”, que es tu obligación, y encontrarás la felicidad, que es tu deseo más hondo. Y yo “canto”. ¡Vaya si canto! ¡Viva la música y quien la inventó! ¿No dice Jesús: «A quien tiene se le dará y tendrá en abundancia, pero al que no tiene se le quitará incluso lo que tiene»? (Mt 13, 12). ¿No dice: «A quien me ama, yo me manifestaré» (Jn 14, 21)? Y «lo mismo ocurre con la fe: si no produce obras muere solita» (Santiago 2, 17).