Estimados clientes.
Desde abril de 2024, la revista Ciudad Nueva se ha fusionado con la revista Ciutat Nova, dando lugar a la revista LAR
Esta página sigue activa para acceder a todos los números de la revista Ciudad Nueva.

Editorial Ciudad Nueva
   
logoIntroduzca su email y recibirá un mensaje de recuperación de su contraseña






                    




articulo

Esos vecinos...



Sencillos episodios de entrega al prójimo de nuestros lectores.
Aquel sábado, pasadas las 11 de la noche, llegaba a casa tras un día bastante intenso, con ganas de cenar y descansar. En la calle encontré al vecino de al lado con el móvil en la mano. Paré para preguntarle: estaba llamando a la compañía del agua porque estaba brotando a borbotones por la acera. Bajé del coche y le ayudé a colocar unos tablones para que desviaran el agua y no le entrara por la rampa del garaje. En eso, nos dimos cuenta de que al vecino de más abajo y también al de enfrente les estaba entrando agua en cantidad –la rotura debía de ser muy importante–, así que los avisamos. Lo del vecino de más abajo no era grave, pues no le había entrado demasiada agua, pero para el de enfrente ya era demasiado tarde: el agua había anegado y desbordado los imbornales y ya tenía tres dedos de agua en todo el sótano (garajes, calderas, trasteros...) Indescriptible la cara que puso, él que estaba viendo tranquilamente la tele. A toda prisa, él, su mujer y su tío, ya mayor, empezaron a limpiar el barro de los desagües y achicar el agua, que seguía brotando. Por fin llegó una cuadrilla y cortaron el agua. Pero el sótano seguía inundado y yo sé lo que eso supone, porque ya me ha sucedido dos veces por la lluvia torrencial. Sé lo que significa extraerla, limpiar el lodo, valorar los daños, pintar, arreglar lo que se pueda... Por eso tengo una bomba de achique siempre preparada, y se la ofrecí a mi vecino. Pero ¿se la dejo y me voy a casa? (primer impulso), porque aún no he cenado (y es más de media noche). No puedo. Algo desde dentro me empuja. Me cambio de ropa y me pongo con ellos a achicar agua con escobones. La bomba no funciona ¡por falta de profundidad del agua! Y el agua está helada. Al cabo de un rato, uno de los de la cuadrilla nos da una idea: meter la manguera en un cubo e ir rellenándolo, de modo que la bomba, ya cebada, vaya extrayendo el agua del cubo. ¡Lo conseguimos! Pero hay que mantener el cubo lleno, y a toda velocidad. Durante tres horas, «levantarse y volverse a agachar», como dice la canción, con breves intervalos de descanso. Casi a las 4 de la madrugada la cuadrilla localizó y reparó la rotura. Finalmente recogí la manguera y la bomba y me fui a casa, a cenar. No ha estado mal: agua helada, deportivas empapadas y una molestia en la espalda anunciando que tendré lumbalgia al día siguiente. Me viene a la mente el tío de mis vecinos, Vicente, que ya cumplió los 70 años. Espero que no le pase nada. Al día siguiente, de nuevo me dan las gracias por la ayuda. Vicente está bien; cansado, como todos. Y al cabo de unos días, en casa aparecieron unas botellas de buen vino.

Leer más



Política protección de datos
Aviso legal
Mapa de la Web
Política de cookies
@2016 Editorial Ciudad Nueva. Todos los derechos reservados
CONTACTO

DÓNDE ESTAMOS

facebook twitter instagram youtube
OTRAS REVISTAS
Ciutat Nuova