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Óscar Romero

Antonio Cagliotto, desde México

En el 30º aniversario del asesinato de Mons. Romero, el presidente de la República del Salvador, Mauricio Funes, pide perdón en nombre del Estado por aquel magnicidio.
Una vida intensa... una elección... una esperanza… un único disparo. Así concluyó su vida terrenal Mons. Óscar Arnulfo Romero y Galdámez, entonces arzobispo de San Salvador, el 24 de marzo de 1980, al terminar su homilía reiterando su fe inquebrantable en Cristo. Sólo aquel disparo pudo callar una voz que nunca cesó de lanzar llamamientos contra la violencia, impulsando la esperanza cristiana. «En nombre de Dios, pues, y en nombre de este sufrido pueblo cuyos lamentos suben hasta el cielo cada día más tumultuosos, les suplico, les ruego, les ordeno: en nombre de Dios, ¡Cese la represión!» Son palabras de su última homilía, palabras que desde hace tiempo cruzan la frontera de este país centroamericano. Este último 24 de marzo se ha celebrado, como nunca antes, el 30º aniversario del obispo asesinado. En la catedral metropolitana de San Salvador, donde se halla su tumba, se conmemoró a Mons. Romero y entre otras palabras pudimos oír las del presidente de la república, Mauricio Funes: «Pido perdón en nombre del Estado salvadoreño por ese magnicidio perpetrado hace 30 años; en primer lugar a su familia, en segundo lugar al pueblo salvadoreño y en tercer lugar a la Iglesia Católica y a las organizaciones religiosas». Y luego añadió: «No recordamos su muerte, sino que honramos su vida». En el marco de este aniversario, la Asamblea Legislativa de El Salvador había aprobado un decreto que establece el 24 de marzo como «Día de Monseñor Oscar Arnulfo Romero y Galdámez». Estamos hablando de un hecho muy relevante en la historia de El Salvador, pues por primera vez organismos del Estado se han sumado a una iniciativa que el pueblo había conservado, sobre todo durante el auge del conflicto armado (El Salvador ha sufrido doce años de guerra civil), cuando recordar al obispo mártir era arriesgado. Tras la firma de los acuerdos de paz el 16 de enero de 1992 en el Castillo de Chapultepec de la Ciudad de México entre el gobierno y el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), esta efemérides quedó en la marginalidad, porque tanto el gobierno como los sectores políticos de derecha la ignoraban. La conmemoración de este aniversario va más allá de las fronteras de El Salvador y adquiere cada vez mayor relevancia en otros países, de manera particular en Estados Unidos, donde residen alrededor de tres millones de salvadoreños. Es la primera vez en la historia en que los consulados salvadoreños en ese país toman protagonismo para recordar este acontecimiento, incluso levantando un altar en honor del obispo mártir e instando a los gobernantes a tomarlo como un ejemplo de vida llena de valores, alentando además a que se pongan de acuerdo y se coordinen para trabajar por la solución del problema de la violencia en muchas partes de Latinoamérica y del mundo. Este año la participación popular ha sido mucho más activa y numerosa, demostrando que se ha perdido el miedo y que aumenta el interés. Aquí y allá se han realizado actos en recuerdo a esta gran persona: expresiones artísticas, peregrinaciones, vigilias, exposiciones, misas y cultos ecuménicos. Nadie duda de que cada día que pasa Óscar Romero es más admirado y respetado en el mundo. «El mensaje eclesial de justicia, paz y conversión de mentes hacia el bien de monseñor Romero trascendió a su identidad católica y por eso diferentes Iglesias lo conmemoramos en su día», declaró Santiago Rodríguez, un pastor de la Iglesia Luterana que participó en el evento. Había además numerosos representantes de diferentes Iglesias cristianas de todo el mundo.

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