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Pensamiento de la unidad/16: Espacio, materia y espíritu

Pascual Foresi

El universo físico, el mundo animal y el hombre. Una reflexión sobre unidad y distinción, sobre lo humano y lo divino.
El espacio y el tiempo son las dimensiones fundamentales en las que vivimos y nos vemos continuamente. Si consideramos lo que vemos, observamos que ante nuestra vista se presentan personas y objetos múltiples, separados físicamente unos de otros y con una forma determinada que los constituye en realidades independientes. Ésta es la visión de las cosas que el hombre tiene en común con el mundo animal. ¿Pero es suficiente una visión así para transmitirme el concepto exacto de materia y de espacio? Los estudios recientes en el campo de la física han revelado que la realidad no es exactamente como nosotros la vemos. Mi persona, por ejemplo, que se me presenta como una unidad en su imagen externa, en realidad es el resultado de un complejo entramado de células que están en continuo movimiento. Ese movimiento produce en mi cuerpo muchos puntos vacíos, de tal manera que en mí es más lo vacío que lo lleno. Esto se aprecia en lo infinitamente pequeño, en la célula, donde se puede observar el vacío que separa al núcleo de los extremos. De esta manera, mi cuerpo se presenta como un sistema de relaciones, de leyes, completamente interdependientes. Si ampliamos el ángulo de observación, notamos que las leyes que rigen las relaciones de los elementos en mi cuerpo son las mismas que determinan las relaciones de mi cuerpo con los demás cuerpos y con la Tierra, de manera que constituyen una sola realidad física. Tanto es así que si quisiera salir de la Tierra, no sólo tendría que ir más allá de la atracción terrestre, sino alcanzar un punto en el que todas las atracciones se anulen, ya que lo que he dicho de mí en relación con la Tierra vale también para la Tierra en relación con el sistema solar, del que la Tierra forma parte y, a su vez, para la galaxia, de la que el sistema solar forma parte, y por lo tanto, vale también para el sistema de galaxias que forman el cosmos. La realidad física me muestra, pues, la existencia de una materia en virtud de la cual yo formo parte de un todo y el todo está íntimamente unido a mí. Ésta es una verdad profunda que proyecta una luz especial sobre nuestra comprensión de realidades espirituales que tan sólo menciono: el Cuerpo Místico de Cristo (expresión admirable de la humanidad considerada en su conjunto), la Encarnación del Verbo (realidad insondable de un Dios que al asumir un cuerpo, asume a su vez a toda la humanidad y al cosmos en su totalidad, encarnándose así en el espacio total para llevar todo a su realización plena, divina). Ese todo, que el Cristo ha asumido en Él, es pues el todo-uno, tal como Dios lo ha creado. Éste se despliega ante mis ojos en una multitud de aspectos que el pecado original ha contribuido a dividir y separar todavía más.

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