Estimados clientes.
Desde abril de 2024, la revista Ciudad Nueva se ha fusionado con la revista Ciutat Nova, dando lugar a la revista LAR
Esta página sigue activa para acceder a todos los números de la revista Ciudad Nueva.

Editorial Ciudad Nueva
   
logoIntroduzca su email y recibirá un mensaje de recuperación de su contraseña






                    




articulo

SEXOLOGÃA

Lourdes Illán

La identidad sexual/2
Acabamos la última vez diciendo que la evolución del aparato sexual puede presentar algunas perturbaciones. Un desarrollo normal no garantiza automáticamente la evolución y expansión de un comportamiento sexual determinado. Intervienen, en efecto, las dimensiones psicológica y social. Así llegamos a la distinción entre dos nociones fundamentales: la identidad sexual, que es la noción psicológica individual (el sujeto tiene la convicción de pertenecer a uno de los dos sexos, es decir, conciencia de identidad psico-biológica de su sexo y la diferencia respecto al otro), y la identidad de género, es decir, conciencia de identidad psico-social y cultural del papel que las personas de un determinado sexo desempeñan en la sociedad. “En un correcto y armónico proceso de integración, la identidad sexual y genérica se complementan, puesto que las personas viven en sociedad de acuerdo con los aspectos culturales correspondientes a su sexo. La categoría de identidad genérica sexual (gender) es, por tanto, de orden psico-social y cultural†(1). Dicho esto, es muy importante para la identidad sexual la asignación del sexo al nacer y el tipo de educación (como varón o como mujer) en los primeros años. Pero la adquisición de la identidad sexual se hace a través de un proceso evolutivo que culmina con su confirmación en la etapa adulta. Este proceso en el varón es más vulnerable y experimenta más incertidumbre que en la mujer, pues tiene que atravesar dos fases de discontinuidad: una biológica, cuando el feto masculino empieza a producir andrógenos que transforman su morfología, que hasta entonces fue idéntica a la femenina –aunque recientes investigaciones afirman que desde el primer momento de la fecundación son dos caminos distintos de diferenciación (2)–; y otra psicológica, cuando se tiene que despegar de la madre para identificarse con la figura paterna. A este respecto, es interesante la explicación que da Stoller, apoyándose en otros autores entre los que figura Greenson. El primer objeto con el que el niño varón se identifica es su madre, es decir, un individuo del sexo opuesto. Así pues, para afirmar su masculinidad tendrá que romper con esta identificación, al mismo tiempo que la madre habrá de respetar esa identidad sexual diferente a la suya. Muy distinta es la situación para la niña, ya que, por fuerte que sea la influencia de la madre, ésta no cuestiona la identidad sexual de la hija. Hacia el octavo mes el varón comienza un proceso que lo llevará lentamente a separarse de la madre y, al mismo tiempo, a buscar su identificación con la figura paterna, con un período particularmente delicado alrededor de los 3 o 4 años. Por esta mayor vulnerabilidad, el hombre está más expuesto a la homosexualidad.

Leer más



Política protección de datos
Aviso legal
Mapa de la Web
Política de cookies
@2016 Editorial Ciudad Nueva. Todos los derechos reservados
CONTACTO

DÓNDE ESTAMOS

facebook twitter instagram youtube
OTRAS REVISTAS
Ciutat Nuova