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Revista enero - 2010
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MEDICINA
Ana Guerrero
Fiebre y antitérmicos en la infancia
Los niños, al entrar por primera vez en contacto con los virus y bacterias más comunes, contraen infecciones con frecuencia, y una de las manifestaciones más habituales de éstas, aún en los casos leves, es la fiebre. Cuando nos parece que un niño está “calienteâ€, primero hay que asegurarse de que realmente tiene fiebre tomándole la temperatura. En los niños se considera fiebre una temperatura en axila superior a 38 °C o en recto superior a 38,5 °C. En los muy pequeños es más fiable el dato del recto, pues al tener poca masa muscular en axila, el contacto de la piel con el termómetro puede no ser adecuado y reflejar una temperatura inferior. Constatada la fiebre, para bajarla usaremos primero medidas fÃsicas: le dejaremos con poca ropa (body si es lactante o camiseta de manga corta si es niño o adolescente), para que elimine a través de la piel el exceso de calor corporal. Si no es suficiente, le podemos bañar en agua templada (2 grados por debajo de la temperatura que tenga el niño) durante 15-20 minutos. De esta forma se igualará la temperatura corporal. No conviene que el agua esté muy frÃa para que no se produzca un descenso muy brusco. Después, secarlo y volver a vestirlo con poca ropa. En caso de que la fiebre sea muy alta o no baje lo suficiente, recurriremos a los antitérmicos. Éstos además tienen un efecto analgésico y también alivian el dolor. Algunos tienen un efecto antiinflamatorio y son más recomendables para procesos en los que hay gran inflamación, como las otitis y amigdalitis. Los antitérmicos son beneficiosos usados adecuadamente, pero como todo medicamento pueden tener efectos secundarios. Los utilizaremos si persiste una temperatura mayor de 38 °C axilar o 38,5 °C rectal, si persiste el malestar del niño, si tiene antecedentes de enfermedad metabólica, neurológica o cardiorrespiratoria, si ha tenido convulsiones febriles o si su estado crea gran angustia a los padres.
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