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Mientras pasaban como flechas

Catalina Ruiz

Dos episodios que nos cuenta un lector. Cuando uno se queda tirado en la carretera.
Estaba yendo al trabajo y, como todas las mañanas, antes de meterme en la autovía tenía que atravesar un túnel. Justo a mitad del túnel, que es un poco largo, vi las luces intermitentes de un coche que estaba parado. Por un pelo conseguí esquivarlo. Allí estaban un muchacho y una chica jóvenes. Él iba empujando el vehículo en un tramo ligeramente en cuesta. «¿Qué les habrá pasado?», pensé. Pero ya los había dejado atrás y no me parecía conveniente pararme. Y para acallar mi conciencia, seguí argumentando conmigo mismo: «Tendrán móvil y llamarán a alguien... Sí, pero en el túnel puede que el móvil no tenga cobertura. Aunque por otra parte, ¿qué puedo hacer yo ahora? Bueno, puedo rezar para que alguien se pare». Aquel coche que había dejado atrás no me dejaba tranquilo. «Sabes perfectamente –seguí pensando– que en un túnel, que además hace un poco de curva, nadie que vaya a cien por hora puede parase si ve un coche en problemas... Sólo que, bien pensado, ¿quién se va a tomar la molestia de salir del túnel, coger un cambio de sentido, volver al túnel y pararse para echarles una mano, si no lo hace tú?». Y así fue. Después de todos estos razonamientos, acabé de nuevo detrás de los dos desafortunados jóvenes: «¿Qué os ha pasado?». «Nos hemos quedado sin gasolina». «Quita el freno y ponlo en punto muerto que yo os empujo. Cuando salgamos, es todo cuesta abajo y podréis llegar a la gasolinera». Y así fuimos, a veinte por hora, mientras los demás coches nos adelantaban como flechas y emitían enérgicas pitadas. Una vez fuera, a la luz del sol y si detenernos: «¡Adiós!». «¡Adiós y gracias!». Y sólo me retrasé quince minutos... En otra ocasión, hace ya tiempo, fuimos mi mujer y yo a visitar un monasterio. A la vuelta, acabábamos de dejar el peaje cuando vimos en una curva un coche con todos los intermitentes encendidos. Nos paramos delante del coche y preguntamos: «¿Qué les pasa? ¿Necesitan ayuda?». «El desgraciado del coche, no sé por qué se ha parado, pero no arranca». «¿Quiere que lo intente yo?». «Como quiera, igual lo pone en marcha». Intenté una vez y otra y otra... pero nada. Como si la gasolina no llegase al motor, sólo que en el cuadro el indicador estaba bien: «¡Pero si tiene gasolina!». «Seguro, si llené el depósito esta mañana». «Mire, vamos a hacer una cosa. Quite el freno de mano y la marcha y yo lo empujo con mi coche». «¿Se puede hacer eso?» «Si vamos despacio, sí».

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