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El corazón verde de Brasil

Costanzo Donegana

Deforestación, saqueo de los recursos y contaminación. La selva amazónica, un paraíso amenazado.
La selva amazónica parece un sueño, un paraíso olvidado. Cuando la recorres navegando por sus ríos, de vez en cuando tienes la impresión de que en cualquier momento Dios va a salir de detrás de un árbol, como cuando paseaba por el jardín del Edén y hablaba con Adán y Eva. La sensación se intensifica cuando al llegar a una aldea indígena, te invitan a participar en su baño colectivo en el río o a descansar en una hamaca que se balancea a la luz de la luna. ¿Poesía? Pero sin poesía no se puede vivir... Por desgracia actualmente se cierne una grave amenaza sobre esta inmensa región y, por consiguiente, sobre todo el planeta. Al principio el hombre fue expulsado del jardín; ahora es el hombre el que está destruyendo el jardín. Está acabando con la poesía… Como otros puntos de la Tierra, la selva amazónica es un piloto que nos advierte de que nuestra casa común está gravemente afectada por varios virus, y uno de los más peligrosos es el que podemos denominar “falta de visión de futuro�. Se trata de un virus antiguo –ya Luis XV de Francia lo demostró cuando dijo: «Après moi, le déluge»–, que consiste en disfrutar de la vida explotando para el propio beneficio tanto los recursos naturales como a las personas sin preocuparse del mañana. «Quien quiera ser feliz que lo sea:/ del mañana no hay seguridad», cantaba Lorenzo de’ Medici. En la selva amazónica se enfrentan dos conceptos de la vida. Davi Yanomami expresa el primero, el de la poesía: «Yo soy hijo de los antiguos yanomamis. Vivo en la selva en la que vivieron mis antepasados antes de que yo naciera. ¡A los blancos yo nunca les digo que la descubrí! La tierra siempre estuvo ahí, antes que yo. Por haber puesto mis ojos sobre ella, yo no digo: “¡La he descubierto. Me pertenece!� El cielo siempre ha existido. Existe antes que yo, pero no por eso digo: “¡Yo he descubierto el cielo!�. Todas las cosas existían ya desde el principio. Simplemente afirmo que yo también me sustento de ellas». En su visión religiosa, los indios consideran la Tierra como la Madre (la pachamama) que acoge y alimenta a todos, y por eso hay que amarla y respetarla. En consecuencia, los bienes que produce son de todos y los tenemos en común.

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