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Pensamiento de la unidad/13: Vivir fuera del tiempo

Pascual Foresi

Se puede alcanzar lo eterno disminuyendo la distancia entre lo que somos y lo que percibimos que deberíamos ser.
Según la definición clásica aristotélica, el tiempo “es la medida del movimiento según el antes y el despuésâ€. Es evidente que una definición así, aceptada comúnmente, revela un concepto del tiempo basado exclusivamente en el mundo físico, donde se da la sucesión computable de días y noches, de las estaciones y de los años. Junto a ese concepto del tiempo de orden físico, se ha abierto camino otro de orden psicológico, el cual contiene también una verdad profunda. El cálculo del tiempo psicológico está vinculado a una serie diferente de factores, como son el dolor o la alegría. Cuando se espera una noticia, por ejemplo, se puede tener la impresión de que ha pasado un año, mientras que en realidad ha pasado sólo un día; por el contrario, en otras circunstancias un día puede parecer un momento. Por consiguiente, el tiempo psicológico es una clase de tiempo vinculado a un mundo interior en el que se refleja la presencia del mundo exterior, pero que puede alterar la evidencia del tiempo como sucesión del movimiento. Sin embargo, quisiera hablar aquí de otro orden más: el tiempo metafísico. Por tiempo metafísico entiendo la distancia que hay entre lo que soy y lo que tengo que ser. Dicho de otra manera, entre lo que soy yo y Dios. Esta distancia es una distancia en el ser. Dicha distancia adquiere en mí el carácter de tiempo físico o tiempo psicológico; pero en la medida en que consiga alcanzar ese tipo de conocimiento, que consiste en la percepción de mi ser en cuanto existente, saldré tanto del tiempo físico como del psicológico y entraré en el tiempo metafísico. Esta experiencia concentraría el tiempo en un instante, puesto que es propio del tiempo metafísico permitirme experimentar que existo sólo en el instante en que existo. Entonces el mundo se invertiría. El tiempo físico se mostraría como lo que es realmente: realidad inexistente; y lo mismo sería en cuanto al tiempo psicológico, que no es más que un grado de percepción del tiempo metafísico aplicado al tiempo físico.

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