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Revista octubre - 2009
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EDUCACIÓN
Jesús GarcÃa
Recuperar la autoridad
Cada inicio de curso viene marcado por un tema candente que de alguna manera “da el tonoâ€�. Entre muchas cuestiones, ha saltado a la palestra algo que venÃa sonando hace tiempo: la autoridad de los educadores. No es un tema trivial y preocupa profundamente a padres y profesores, especialmente a los que desarrollan su labor en la secundaria obligatoria. De hecho, la “pérdida de autoridad del docenteâ€� es ya una cuestión de cada dÃa, no tanto una excepción (agresiones, faltas de respeto…). Como siempre, en tan poco espacio no es posible agotar el tema ni cerrar ningún argumento. Intentaré proponer algunas pistas de reflexión para poder dar pasos adelante y, si les parece, tener un coloquio con otros padres o colegas. Para empezar, conviene recordar que estamos en el ámbito educativo (no en el judicial o policial). Curiosamente, el término “autoridadâ€� tiene un origen pedagógico. Etimológicamente, significa acrecentar, aumentar, desarrollar, dar vigor, robustecer, del latÃn augere-auctus. Esto nos lleva a otra reflexión: nuestra autoridad como educadores se ejerce cuando los fines que nos mueven y los medios que ponemos responden al deseo profundo de ayudar al otro a crecer, a darle vigor en su existencia, a robustecer su cuerpo y su alma. Es decir, es una autoridad más moral que legal. Ahora bien, es muy importante situar una cuestión de orden formal: el principio de autoridad remite a cierta asimetrÃa, diferencia o disimilitud en la relación entre dos o más personas. No es una diferencia de “dignidadâ€� como personas, sino de funciones y responsabilidades, por la cual yo (profesor) tengo la responsabilidad de educarte y eso nos sitúa en dos niveles distintos. Sobre todo, porque sólo desde ese nivel “superiorâ€� puedo tener la influencia suficiente como para ayudarte a crecer. No es una superioridad desde la que uso (o abuso) del poder, sino desde la que me relaciono contigo para ayudarte, y esto no se hace sólo con normas y sanciones, sino con el afecto y sobre todo en la medida en que te “sirvoâ€� para algo, en la medida en que te ayudo-a-algo, te doy recursos y te hago propuestas concretas y eficaces para que crezcas.
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