Estimados clientes.
Desde abril de 2024, la revista Ciudad Nueva se ha fusionado con la revista Ciutat Nova, dando lugar a la revista LAR
Esta página sigue activa para acceder a todos los números de la revista Ciudad Nueva.

Editorial Ciudad Nueva
   
logoIntroduzca su email y recibirá un mensaje de recuperación de su contraseña






                    




articulo

EDUCACIÓN

Jesús García

Recuperar la autoridad
Cada inicio de curso viene marcado por un tema candente que de alguna manera “da el tono�. Entre muchas cuestiones, ha saltado a la palestra algo que venía sonando hace tiempo: la autoridad de los educadores. No es un tema trivial y preocupa profundamente a padres y profesores, especialmente a los que desarrollan su labor en la secundaria obligatoria. De hecho, la “pérdida de autoridad del docente� es ya una cuestión de cada día, no tanto una excepción (agresiones, faltas de respeto…). Como siempre, en tan poco espacio no es posible agotar el tema ni cerrar ningún argumento. Intentaré proponer algunas pistas de reflexión para poder dar pasos adelante y, si les parece, tener un coloquio con otros padres o colegas. Para empezar, conviene recordar que estamos en el ámbito educativo (no en el judicial o policial). Curiosamente, el término “autoridad� tiene un origen pedagógico. Etimológicamente, significa acrecentar, aumentar, desarrollar, dar vigor, robustecer, del latín augere-auctus. Esto nos lleva a otra reflexión: nuestra autoridad como educadores se ejerce cuando los fines que nos mueven y los medios que ponemos responden al deseo profundo de ayudar al otro a crecer, a darle vigor en su existencia, a robustecer su cuerpo y su alma. Es decir, es una autoridad más moral que legal. Ahora bien, es muy importante situar una cuestión de orden formal: el principio de autoridad remite a cierta asimetría, diferencia o disimilitud en la relación entre dos o más personas. No es una diferencia de “dignidad� como personas, sino de funciones y responsabilidades, por la cual yo (profesor) tengo la responsabilidad de educarte y eso nos sitúa en dos niveles distintos. Sobre todo, porque sólo desde ese nivel “superior� puedo tener la influencia suficiente como para ayudarte a crecer. No es una superioridad desde la que uso (o abuso) del poder, sino desde la que me relaciono contigo para ayudarte, y esto no se hace sólo con normas y sanciones, sino con el afecto y sobre todo en la medida en que te “sirvo� para algo, en la medida en que te ayudo-a-algo, te doy recursos y te hago propuestas concretas y eficaces para que crezcas.

Leer más



Política protección de datos
Aviso legal
Mapa de la Web
Política de cookies
@2016 Editorial Ciudad Nueva. Todos los derechos reservados
CONTACTO

DÓNDE ESTAMOS

facebook twitter instagram youtube
OTRAS REVISTAS
Ciutat Nuova