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Juan María Vianney, el Cura de Ars

Enrique Pepe

En el año sacerdotal, Benedicto XVI ha indicado como modelo la figura del Cura de Ars, patrono de los párrocos.
Eran tiempos tristes para la Francia del segundo Terror. La iglesia parroquial de Dardilly se había cerrado y toda actividad de culto había sido prohibida. Allí fue donde nació Juan María Vianney. Durante su primera comunión, celebrada en un caserío en el curso de una misa clandestina, le brotó en el corazón el deseo de ser sacerdote. La idea parecía utópica: se habían suprimido los seminarios; pero un sacerdote valiente, Charles Balley, había creado una escuela parroquial para los candidatos al sacerdocio. Humanamente hablando, el alumno Juan María era un caso casi perdido: tenía más de 20 años y apenas sabía leer y escribir. Balley apreció el candor de su alma y su tenacidad campesina y lo admitió en su escuela. Al joven no le resultaron fáciles las clases, sobre todo las de latín, mientras que se le daba muy bien aprender y poner en práctica las palabras del Evangelio. El tesón de ambos consiguió lo imposible: el 13 de agosto de 1815 Juan María Vianney fue ordenado sacerdote con la condición de que se mantuviera bajo la guía de Balley y no ejerciera el ministerio de la confesión. Siguieron tres años de maravillosa convivencia para los dos sacerdotes. Cuando Balley murió, la curia no consideró oportuno dejar aquella importante parroquia en manos de Vianney y lo nombraron capellán de una pequeña aldea de 40 casas y 270 habitantes: Ars. El pueblecito desde luego no brillaba por su santidad. Todavía había fe en la gente, pero estaba cubierta por la ceniza de la ignorancia religiosa y por unas prácticas morales discutibles. El joven sacerdote empezó su trabajo poniendo un poco de orden en la pequeña iglesia y tomando contacto con sus feligreses. Iba por los campos a visitarlos en sus casas, conversaba con ellos sobre la cosecha y sobre el estado de salud de sus animales. Así rompía el hielo y entablaba amistades. En poco tiempo llegó a conocer los vicios y las virtudes de su gente.

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