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Economía de comunión: Mayoría de edad

Isaías Hernando

Hace dieciocho años un nuevo concepto irrumpió en la terminología económica: economía de comunión.
Último fin de semana de mayo. En el Centro Mariápolis Luminosa de Las Matas (Madrid) se respira aire de fiesta: alcanza su mayoría de edad el proyecto Economía de Comunión (EdC), lanzado por Chiara Lubich el 29 de mayo de 1991 en Brasil, al ver la “corona de espinas” de favelas que rodea la ciudad de Sao Paulo. Para celebrarlo y hablar de las respuestas que puede ofrecer el proyecto a la situación actual de precariedad laboral y crisis económica, se han citado más de un centenar de personas de toda España: empresarios, profesores universitarios, trabajadores, estudiosos y otros interesados. Un buen momento para hacer balance de estos 18 años de vida y admirar el mosaico de esta obra compuesta por multitud de aspectos y multitud de personas. La cultura Manuel Ramos, empresario navarro, introduce el congreso con un viaje imaginario por los orígenes de la Economía de Comunión y la inspiración profética que la anima: «Nuestra sociedad necesita un cambio de paradigma: pasar de la cultura del tener a la cultura del dar». Este aspecto del cambio cultural es el denominador común de muchas teselas de este mosaico, y tienen nombre propio. Rocío Caro, profesora de la Universidad de Málaga, dice: «El desafío está en formar hombres nuevos capaces de vivir en comunión. En mi universidad intentamos proponer esta idea de comunión, que algunos entienden como comunión social, o solidaridad incluyente o fraternidad universal». Joaquín Mora, economista y estudioso de la EdC, añade: «Os animo a mantener viva la esencia del proyecto de Chiara Lubich: poner los beneficios en comunión para aliviar a los pobres, para dar ejemplo de cómo es una sociedad sin pobres». Luigino Bruni, profesor de la Universidad de Milán y autor del libro “El precio de la gratuidad” (Ciudad Nueva), presentado en este congreso, muestra cómo «una economía y una sociedad sin gratuidad y sin reciprocidad terminarían por implosionar». Benedetto Gui, profesor de la Universidad de Padua y miembro de la Comisión Internacional de la EdC, plantea la utilidad de una cultura de comunión en la vida económica: «En la ciencia económica no se habla de comunión, sin embargo hoy existe una nueva atención a cosas que se le parece: altruismo, don, reciprocidad, motivaciones intrínsecas, bienes relacionales… Cada vez es más evidente que si no se introducen en la ciencia económica estos conceptos, no se pueden explicar muchos fenómenos». No podemos olvidar los comentarios de los asistentes al congreso: «Me he dado cuenta de que otro mundo es posible. Hay una alternativa y una gran esperanza en la Economía de Comunión» (un profesor universitario); «He intuido que la EdC puede ser una contribución extraordinaria para la macroeconomía. (…) Esta idea carismática de que la gratuidad es el mejor precio porque da valor, puede ser un elemento importantísimo para la solución de la crisis» (un político).

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