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Revista junio - 2009
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Eugenesia: Humanidad descalificada
Javier Rubio
Los últimos casos de selección genética autorizados por la Comisión Nacional de Reproducción Humana Asistida han vuelto a abrir la polémica sobre la eugenesia.
Hay foros internacionales capaces de convocar a un buen número de expertos en una materia determinada, uno de ellos es la Academia Pontificia para la Vida, institución vaticana cuyo objetivo es “promover y defender la vida humanaâ€�. En febrero pasado tuvo su decimoquinta asamblea y el tema tratado fue precisamente: “Las nuevas fronteras de la genética y el riesgo de la eugenesiaâ€�. Digo “precisamenteâ€� porque el término eugenesia está de moda. Por cierto, en esta Academia hay nueve españoles. Mucho se ha desarrollado la Genética desde que a mediados del siglo XIX, el agustino Gregor Mendel describió las leyes de la herencia de caracteres. Se le considera por ello el fundador de esta ciencia, que hoy es capaz de desvelar los mecanismos de la fisiologÃa humana, los procesos que causan los defectos hereditarios, o los que provocan que algunas personas sean más propensas a contraer determinada enfermedad. Es decir, hoy no sólo se pueden hacer diagnósticos más eficaces y precoces de las enfermedades genéticas, sino también ofrecer terapias y hasta devolver la salud. El que se dedica a este tipo de investigación corre el riesgo, como cualquier especialista, de verlo todo del color del cristal de sus gafas. En este caso significa ver a la persona como un cúmulo de información genética que interactúa con el ambiente. Pero, ¡ojo!, el hombre es mucho más. A este propósito, en su discurso a la asamblea que mencionamos antes, el Papa citaba las palabras de Blaise Pascal: «El hombre no es más que un junco, el más endeble de la naturaleza, pero es un junco pensante (…). Un vapor, una gota de agua bastan para matarlo. Pero, aunque el universo lo estuviese destruyendo, el hombre serÃa más noble que aquello que lo mata, porque él sabe que está muriendo, mientras que el universo no tiene ni idea de la superioridad que tiene sobre él». Y después añade de su puño y letra: «La procreación de un hombre no podrá reducirse nunca a una mera reproducción de un nuevo individuo de la especie humana, como sucede con un animal». Nótese la diferencia: procrear / reproducir. Con esto se quiere decir que para estudiar «el misterio de la vida humana» todas las ciencias tienen que colaborar. En cuanto a la eugenesia –y vamos a lo que está de moda– es siempre un riesgo latente. Los últimos ejemplos históricos son muy recientes, de modo que «la desaprobación de la eugenesia (...) está tan profundamente arraigada en las conciencias que fue expresada formalmente por la Declaración Universal de los Derechos del Hombre», dijo el Papa a los académicos. Aun asÃ, la mentalidad corriente hoy tiende a privilegiar la eficiencia, la eficacia, la perfección, la belleza… y se debilita el respeto debido a todo ser humano con un defecto fÃsico o una enfermedad genética que pudiera manifestársele en algún momento de su vida. Lo nocivo de esta mentalidad queda subrayado en palabras como las del profesor de filosofÃa Pedro Herráiz: «Si descalificamos la humanidad de los que llegarán a estar enfermos, entonces o bien nos descalificamos a nosotros mismos como humanos, porque indefectiblemente llegaremos a enfermar, o es que nos engañamos con la ilusión de que no enfermaremos nunca».
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