Me despido
Empecé a trabajar en Ciudad Nueva cuando aún no había acabado los estudios de Filología Hispánica. Tendría entonces 25 o 26 años. O sea, corría el año 1983. Desde entonces, exceptuando los dos años que pasé en Italia, mi desarrollo profesional quedó ligado al ámbito editorial, sobre todo con la publicación de esta revista, pero también muchas veces echando un cable en la edición de libros. Aún recuerdo aquella composer electrónica en la que tecleaba los textos con formato de columna para luego recortar las tiras de papel y maquetar las páginas sobre una mesa de luz. ¡Madre mía, parece la prehistoria, pero solo han pasado cuarenta años!
Con los ordenadores empecé a pelearme siete años después, en Montevideo, adonde fui destinado como focolarino. Aún así seguía siendo una labor casi artesanal, reciclando los fotolitos de la edición argentina de Ciudad Nueva. Los recursos eran pocos, pero lográbamos publicar una revista mensual que se ditribuía en Uruguay y Paraguay. En los ocho años montevideanos tuve ocasión de adquirir cierta destreza con algunos programas de edición y diseño, siempre en plan autodidacta.
En 1997, creo que en abril, volví a España para completar la plantilla que mensualmente preparaba esta revista. Han sido veintiséis años en los que he hecho un poco de todo: redactar, corregir estilo, diseñar, maquetar, archivar, aconsejar, dirigir… Y siempre aprendiendo sobre la marcha, que es el mejor método de aprendizaje, lo que hoy llaman «ensayo y error».
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