Juan Pablo II fue el primero que habló de ella […]. No la llama la evangelización, sino una nueva evangelización y explica el porqué. Explica que la evangelización es aquella a la que se refería Jesús cuando dijo ─y así termina el Evangelio─: «Id al mundo entero y predicad a todas las gentes...» (1 Cor 9, 16), […]. Pero esta evangelización que el papa está lanzando es nueva porque no quiere que sea encomendada solo a personas específicas, como los obispos, los sacerdotes, los religiosos y religiosas, quizás algún laico, sino que se le confíe a todo el pueblo de Dios, por lo tanto también a todos nosotros, también a los laicos.
Quiere llamarla nueva porque desea que el mundo sepa una cosa, y este sería el anuncio que hay que dar: Dios ama al ser humano; […] o sea, hacer comprender lo que fue ese drama y esa maravilla de la redención: una expresión del amor del Padre por nosotros […]. En resumen: Dios ama a cada persona. Esto debería ser lo primero que hay que decir.
Luego dice que es nueva porque […] no se debe ir, en primer lugar, a evangelizar a los demás; es necesario evangelizarse uno mismo […]. Luego, de manera especial, poner de relieve lo que es la síntesis del Evangelio: el amor y el amor recíproco, para poder anteponer el testimonio al anuncio con la palabra. El amor que te lleva a hacer obras, el amor recíproco que da testimonio.
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