En el pasado mes de octubre se superaron todas las estadísticas históricas de inmigración en las Islas Canarias con la llegada de 550 personas al día de media y, en algunos casos, de hasta 1.000 en 24 horas. Son cifras que ponen muchos temas sobre la mesa, como la necesidad de reflexionar sobre las causas y efectos de la migración en la cuenca mediterránea. En esa línea de trabajo, el proyecto HeARTmony (impulsado por la Fundación Igino Giordani y llevado a cabo gracias a la colaboración con Mosaico) lanzó un webinar el pasado 5 de octubre para analizar la situación de los flujos migratorios en España y dar a conocer experiencias de inclusión social, que abren la puerta a la esperanza.
Nagore Martínez, educadora social en la asociación vizcaína Goiztiri Elkartea, compartió su experiencia de acompañamiento explicando cómo en su trabajo «no hay dos personas iguales ni dos caminos iguales». «Cada persona –relató– tiene su historia, su recorrido, nosotros simplemente estamos presentes en un momento puntual de su vida para que puedan cumplir sus objetivos». Precisamente, uno de los jóvenes con los que trabaja, de 26 años, participó en el encuentro virtual señalando que, en un contexto en el que los recién llegados encuentran cerradas todas las puertas, las trabajadoras como Nagore son «como un amigo que te tiende la mano».
En julio, esta Asociación de Bilbao colaboró con Mosaico para que chicos de distintas zonas de Marruecos participaran en un taller teatral. Jorge Santana, el director, cuenta que ese día estaban todos muy nerviosos: «No sabíamos ni cómo sería adecuado saludarles», relata. Pero las dudas se disiparon rápido porque, gracias al amor concreto, en poco tiempo se construyó una realidad de familia: «Desde el primer momento la escucha recíproca fue impresionante. Comimos juntos y luego realizamos una tarde de dinámicas y juegos para conocernos y ganar confianza. En los talleres, los chicos se entregaron desde el primer momento, trabajando con un interés y una pasión que nos sorprendió a todos. Y pese a las dificultades para expresarse en español, muchos se esforzaron por comunicarse y contarnos sus durísimas experiencias». Y así es como el arte constató, una vez más, su poder como lenguaje universal más allá de las barreras idiomáticas y culturales.
Recordemos que este webinar solo ha sido la guinda de un proyecto que lleva tiempo en marcha, buscando formas de incluir a los migrantes y refugiados en nuestra realidad, a través del arte. La primera de las actividades fue el taller de baile que se realizó en Valencia el pasado mes de diciembre con residentes de Cuba y Senegal de la casa de acogida Dorothy, quienes pusieron luego en práctica lo aprendido en el taller participando en el ya conocido musical Streetlight. Junto con el grupo musical Mosaico, representaron esta obra en contra de la violencia ante 400 espectadores. Pero antes de este taller, seis jóvenes de distintos puntos de España, tuvieron la oportunidad de asistir a una formación sobre la situación migratoria y sus implicaciones en Italia, Líbano y Bosnia (países que, junto con Egipto, también forman parte del proyecto de integración).
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