Mario era un niño alegre y muy extrovertido, le gustaba mucho aprender cosas nuevas cada día en clase y le encantaban las historietas de héroes y superhéroes. Todos los años por su cumple el abuelo le regalaba una colección de cómics de los mejores héroes del momento. Esas historietas le abrían la imaginación y le hacían creer que de mayor podría ser uno de ellos para resolver todos los problemas.
Tenía dos hermanos, Toni de 4 años y Valeria de 7, con la que a veces jugaba su amiga Emi, vecina de casa. Emi era una niña menudita, no muy fuerte, aunque le gustaba mucho hacer deporte e ir a la piscina a nadar; de pelo rubio anillado y de piel blanquita. Acompañaba siempre a Mario al colegio y este a veces tenía que ayudarle a llevar la mochila cuando pesaba mucho.
Mario tenia un perrito al que llamó Floty porque, cuando lo trajo pequeñito su padre, se le cayo a la bañera, donde se iba a meter Valeria, y vio que flotaba en el agua. Era de raza bodeguero, saltarín y juguetón, y lo sacaba de paseo cuando volvía del colegio. Floty le esperaba siempre en la puerta y al llegar le lamia las manos, le mordisqueaba el pantalón y daba saltos de alegría. Era su mejor amigo después de Emi.
Mario le contaba a Floty muchas cosas del colegio y de sus compañeros, era su confidente sentado a su lado en la acera del parque. Floty lo miraba con ojos de asombro y ladeaba la cabeza cuando no sabía que decirle, aunque parecía entenderlo; cuando lo veía triste se le subía encima y le lamia la cara, o le ladraba con un sonido distinto al de siempre.
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