Tengo la impresión de que algunos no subrayan suficientemente la oración de petición, por una razón muy noble: nos hemos acercado más profundamente a nuestra fe […] y nos hemos dado cuenta de que la religión no consiste solo en ir a la iglesia a pedir y pedir, sino en amar a Dios y, por tanto, dar. […] Sin duda es un razonamiento más que válido, sin embargo hay que considerar que amar a Dios implica cumplir todos sus mandamientos. Pues bien, un mandamiento que Jesús repite con insistencia es precisamente el de pedir: «Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá» (Mt 7, 7). ¿Qué debemos hacer? Pedir más y mejor porque Él así lo quiere. Y así le manifestaremos nuestro amor.
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Una preocupación que puede venirnos es esta: ¿Cómo es que con tantas luces sobrenaturales que he tenido, con tanto empuje de los hermanos, con tantas promesas y declaraciones que he hecho, soy tan lento y tan poco generoso en el amor en ejercer las virtudes, incluso en vencer las tentaciones? ¿Acaso no es desproporcionado lo que recibo y me propongo hacer respecto a lo que realmente logro? […] La mejor respuesta la da Jesús: «Sin mí no podéis hacer nada» (Jn 15, 5). Es como decir: a pesar de todos tus esfuerzos, tus hermosas meditaciones, los estímulos y las decisiones, no das grandes pasos porque no rezas lo suficiente, porque no pides la ayuda correspondiente.
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