Ya a mediados del siglo pasado un famoso filósofo afirmaba que pocos periodos de la historia han experimentado tanta agresión a la verdad como lo está sufriendo nuestra época. Si este diagnóstico era cierto cuando los medios de comunicación aún no habían crecido tan exponencialmente como lo han hecho en las últimas décadas, imaginemos qué diría hoy ese pensador.
El caso es que nos sentimos perplejos e impotentes ante la proliferación sin precedentes de burradas, falsedades y mentiras que nos propinan sin ningún escrúpulo. Estamos en lo que se denomina era de las post-verdad o post-truht, término inglés que empezó a difundirse cuando saltó a los diccionarios de lengua inglesa para indicar la circunstancia en que los hechos objetivos tienen menos incidencia que las emociones, los sentimientos o los intereses particulares de una persona o un grupo social. Por eso hay intelectuales que no paran de teorizar sobre lo que hoy estamos experimentando en este terreno. Por ejemplo, el postmodernismo asegura que la verdad no existe, sino que se elabora (Vattimo). Mucho antes Nietzsche afirmaba que la verdad son ilusiones que se han olvidado de que lo son.
Sin duda, debido al desarrollo de las ciencias de la información, de la globalización digital y de Internet, la cuestión de la verdad ha adquirido tonos dramáticos. Al respecto, hay quien afirma que la post-verdad es en definitiva una forma de contra-verdad, ya que al final es la realidad la que paga la cuenta. Y es una tragedia ir contra la realidad de las cosas de la vida.
A propósito de esto, cabe distinguir entre desinformación y post-verdad. La Comisión Europea define la primera como «informaciones verificablemente falsas o erróneas pensadas y difundidas con fines lucrativos o para desorientar deliberadamente al público y que pueden causar daños sociales». La post-verdad es el «subsuelo cognitivo de las ideas que genera la gestión fraudulenta de la información y que se traducen en presupuestos generales que son asumidos como válidos (verdaderos) sin discutirlos ni criticarlos».
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