China es hoy uno de los países más poderosos. Su historia comenzó hace más de 2000 años, con la hazaña de un joven que cambió el destino de su país al convertirse en su primer emperador. Su nombre, Qin Shi Huang, sigue presente en un colosal mausoleo protegido por un ejército de terracota.
El complejo funerario del primer emperador de China y las fosas del Ejército de Terracota están considerados como uno de los mayores centros arqueológicos del mundo. No son solo un valioso patrimonio cultural de China, sino de toda la humanidad. Abarca un espacio de unos 100 kilómetros y fue construido en menos de 40 años. Es Patrimonio de la Humanidad desde 1987 y premio Príncipe de Asturias de las Ciencias en 2010.
La exposición propone un viaje por la historia de China y muestra el poder de la cultura para romper barreras entre pueblos y civilizaciones distintas. Su lenguaje universal ayuda a la cooperación y al entendimiento entre países. Podemos ver 120 obras procedentes de nueve museos e instituciones chinas, datadas entre el siglo VIII a. C. y el III d. C. Se incluyen guerreros y caballos de terracota, la réplica del carro que transportó al primer emperador hasta su tumba y piezas de oro, plata, bronce, cerámica, jade… Además se presentan los últimos avances realizados en el Mausoleo. A todo esto se añaden recursos audiovisuales, sonoros, olfativos y puntos de lectura en braille y lenguaje de signos para que la exposición llegue a todos.
La exposición se estructura en tres partes: El mundo de Qin Shi Huang y la unificación de China, Un palacio para el más allá y Guardianes eternos. La primera sala nos introduce en la historia de China desde el Período de Primavera y Otoño (770-476 a.C.) hasta la dinastía Han (206 a. C.-220 d. C). Quinientos años antes del nacimiento de Qin Shi Huang, China era un mosaico de más de cien estados y señoríos feudales. El primer emperador de la dinastía Qin nació en 259 a. C. y accedió al trono con 13 años; fue proclamado rey a los 22 y tras derrotar a los reinos enemigos se proclamó Gran Primer Augusto Emperador de China. En este espacio, además de bronces rituales, campanas chinas cuyo sonido se obtiene golpeando desde el exterior, también se exhiben adornos de jade, armas, ejemplos de la nueva caligrafía, monedas y objetos exóticos que llegaban a través de la Ruta de la Seda.
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