2023 está resultando un año de estrenos de grandes películas. A simple vista parece un diagnóstico obvio, a tenor de la cantidad de historias que llegan a las salas cada fin de semana, lo cual pone en un brete a la prensa especializada, obligada a decantarse por aquellos filmes con mejores cabezas de cartel y así asegurarse, al menos, un visionado con ciertas garantías. ¿Las consecuencias? Muchas películas no pueden competir en la cartelera, solo por el hecho de que no todos los distribuidores son majors, y tras el primer fin de semana algunas salen de los cines. De ahí que se estén reinventando modos de dar a conocer el séptimo arte. En este sentido, las plataformas ayudan a que el producto en sí se vea, pero no deja de ser únicamente una manera de consumir cine sin más. Ir al cine, ver una película en una sala siempre es mucho más que mirar una pantalla de un dispositivo o una smart tv. ¿Por qué? Porque la sala de cine está pensada para disfrutar de sonidos, texturas y otras sensaciones que no puede recibir de igual manera el espectador del sofá. Por eso, las salas de cine no desaparecerán, porque quien conoce y ha descubierto su grandeza, es incapaz de aceptar una película en un soporte digital: ni un equipo doméstico con las mejores prestaciones logra emular la experiencia de ver una película en una sala de cine.
Tras esta declaración de intenciones, comento que el 9 de junio European Dreams Factory estrena en cines comerciales la película italiana Glassboy, sobre las andanzas de un niño que padece hemofilia y vive confinado en casa. Animado por un gran deseo de libertad y un coraje sin límites, decide emprender su propia aventura junto a sus amigos y demostrar a todos que puede vivir su vida como cualquier niño. La cinta sabe hincar el diente cuando enfrenta libertad y responsabilidad con gran equilibrio, al tiempo que reflexiona sobre las relaciones familiares sin aspavientos, sin dejar de lado la valiosa autocrítica que despliega la aventura. Entretenida y alejada de cualquier ideología, Glassboy cuenta con una guía didáctica para centros educativos.
Por otro lado, pongo el acento en otras películas de cine de valores que he podido disfrutar de febrero hasta hoy. Es ese cine que me estimula y me da la oportunidad de conocer mundos nuevos y que, por desgracia, apenas cuentan con algún apoyo institucional. No digamos ya si encima las propuestas son en formato de documental. Sin embargo, son los trabajos con mayor alcance y con mejores guiones –en esto coinciden la mayoría de los críticos– y por ello cito algunos aquí, pues aunque ya no estén en los cines, pueden verse a través de sus distribuidores.
El cielo no puede esperar (European Dreams Factory). Primera biografía fílmica sobre el beato británico-italiano Carlo Acutis que murió a los 15 años a causa de una leucemia. Se trata del quinto filme del jaleado escritor y prolífico director de cine José María Zavala, tras sus exitosas El misterio del Padre Pío (2018), Renacidos (2019), Wojtyla. La investigación (2020) y Amanece en Calcuta (2021), que rueda y estrena película por año.
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