Los tiempos modernos requieren una oración un poco especial […] . Es decir –lo encontré también escrito por especialistas en la oración– que tiempo atrás se pensaba que el mundo y el cosmos estaban quietos, estáticos. Entonces teníamos que encontrar a Dios admirando las estrellas, las flores... por medio de la contemplación, la paz, la unión con Dios, en los momentos de recogimiento, de oración en la iglesia delante del Santísimo.
En cambio, ahora han visto que... con todos los adelantos de la ciencia moderna […] el mundo está en constante evolución, está cambiando. Todo se transforma y va hacia la perfección. El hombre está en medio de este movimiento, está involucrado en esta carrera hacia la perfección, de modo que ya no puede quedarse quieto contemplando […]. La creación de Dios ocurrió una vez, pero sigue ocurriendo, sosteniendo las cosas y haciéndolas avanzar, y el hombre, desde que se le dijo: «Someted la tierra...», está llamado a participar con Dios en esta evolución, en esta creación.
Por eso, todo lo que hacemos en la escuela, en la oficina, en la fábrica sirve para construir con Dios creador el mundo y llevarlo adelante. Pero nosotros tenemos que llevarlo adelante con este sentimiento: que participamos con Dios en la creación. Por lo tanto, nuestro trabajo es sagrado; somos un brazo de Dios creador, que va adelante construyendo el mundo.
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