El verano pasado una religiosa a la que conocemos nos contó que estaba preocupada por su familia, que reside en San Juan Comalapa, municipio ubicado en el departamento de Chimaltenango, en la región norte de la República de Guatemala, con una comunidad lingüística maya. Tenían necesidad de orientación familiar y la religiosa, estando tan lejos, sufría porque no sabía qué hacer para ayudarles. La comunidad de esta religiosa está en el pueblo donde descansamos los veranos; conocen y se enriquecen con el carisma de Chiara y por eso nos preguntaron si en aquel país habría alguna familia de los Focolares que pudiera orientarles. Como estábamos de descanso, no me apetecía mucho asumir esta petición, pero era más fuerte el reclamo de ese rostro de Jesús abandonado y decidí tomar enseguida contacto con la familia de la religiosa. Así que me lancé, contando siempre con la oración continua de la comunidad religiosa.
En la escucha de los problemas de aquella gente ha ido surgiendo una relación que nos está llevando a crecer en confianza y conocimiento de sus situaciones familiares. Se trata de familias numerosas y algunos de los hijos tienen necesidades especiales, carencias económicas, dificultades de trabajo y en un pueblecito lejano a la ciudad. No tardé en darme cuenta de que estaba ante una cultura desconocida, por su lenguaje al expresarse, por sus costumbres, por su formación y por su entorno social, pero también ante almas humildes, limpias y de una fe viva. Por todo esto se requería un acompañamiento cercano a su lugar.
A través de mis contactos conseguí el teléfono de un matrimonio del Movimiento en aquel país. Ellos se pusieron en contacto con la familia de la religiosa, primero por teléfono y recientemente también han ido a visitarlos, recorriendo varias horas de carretera para ir a encontrarlos. Pasaron todo el día juntos en un clima familiar que facilitó una comunión profunda entre ellos. Es difícil expresar el «hilo de oro» que va uniendo acontecimientos, relaciones y ayudas concretas que van surgiendo y me hacen contemplar los milagros que surgen del amor, del ser familia más allá de culturas, distancias, pueblos y razas.
Aprovechando un viaje que una de las religiosas hizo Guatemala, le pedimos que nos enviara algunos de los trabajos que allí tejen manualmente en su casa y venden en un mercadillo. Ahora los estamos vendiendo aquí con la ayuda de personas de nuestra comunidad local, por lo que están sumamente agradecidos.
Leer más