La vitamina D es una vitamina liposoluble presente de forma natural en muy pocos alimentos (pescados grasos como salmón, atún y caballa), por lo que su síntesis en la piel durante la exposición a la luz solar es la principal fuente. Su importancia clínica se debe a la relación con el calcio y el metabolismo óseo. El raquitismo (niños) y la osteomalacia (niños y adultos) por deficiencia grave de la vitamina son actualmente raros. Sin embargo, la deficiencia asintomática, medida en sangre, es muy común.
Los bebés, las personas discapacitadas y los adultos mayores pueden tener una exposición solar inadecuada, así como la piel de los mayores de 70 años sintetiza peor la vitamina. Por estas razones alimentos como la leche, fórmulas infantiles, cereales y otros están enriquecidos con vitamina sintética.
Se recomienda una exposición solar diaria de 15 minutos, preferiblemente al mediodía, en cara y brazos, desde marzo a octubre, con factor de protección entre 15 y 30. En caso de ancianos y pacientes con osteoporosis se recomienda que la exposición sea de 30 minutos, siempre que no existan contraindicaciones. Se ha demostrado que el uso de cremas solares con factor de protección hasta 30 no interfiere en la síntesis de vitamina D.
Está indicado el suplemento de vitamina D (y de calcio) con el objetivo de disminuir el riesgo de fracturas por osteoporosis, manteniendo la cifra de la vitamina en sangre en 30 nanogramos por mililitro.
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