Dice Jesús: «Orar siempre sin desfallecer» (Cf. Lc 18,1).
Orar siempre. ¿Cómo podemos realizar esto? ¿Cómo hacerlo en medio de la vorágine de la vida cotidiana? Haciendo que cada una de nuestras acciones sea un acto de amor a Él. Y si es posible, anteponer a cada acción, sobre todo las más importantes, un «por Ti», como enseñaba un santo.
«Rezar siempre» no significa multiplicar los momentos de oración, sino orientar el alma y toda la vida a Dios; estudiar solo por Él, trabajar, esforzarse, sufrir, descansar y también morir solo por Él.
Y hacer cada una de nuestras acciones lo mejor posible, conscientes de que cada acción es una prolongación de la acción creadora de Dios y redentora de Jesús para la realización de los planes de Dios en el mundo. Así toda nuestra actividad se transforma en una acción sagrada.
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