Hoy las tecnologías son tan potentes que nos hacen creer que la batalla está perdida, que no podemos hacer nada. En cierta medida es así. Sin embargo es una realidad que nos puede abatir o bien convertirse en un desafío que afrontar: ¿qué podemos hacer las madres y los padres? Una frase atribuida a Madre Teresa de Calcuta dice: «A veces sentimos que lo que hacemos es tan solo una gota en el mar, pero el mar sería menos si le faltara esa gota». Pues bien, esa gota en el mar, esencial e indispensable, es la educación, y la educación es tal si ayuda realmente, o al menos tiende a ello.
No somos expertos en estos temas específicos, pero ello no impide desarrollar una labor que, además de informativa y formativa, puede ser sobre todo preventiva. Para ello es primordial que nuestros hijas e hijos, ya desde pequeños pero en cualquier momento de su vida, encuentren en la familia espacios de diálogo y confianza, de intimidad y respeto, de secreto y confidencia, de coherencia y claridad, que a la postre son el terreno donde se desarrolla la prevención.
Dialogar y afrontar con los hijos temas complejos sería una de las mejores formas de prevenir conductas no deseadas. Ocultar o evitar el diálogo puede llevarnos (a padres e hijos) a reforzar la idea de que es tabú y se debe mantener oculto. A la vez inducimos a los hijos a buscar la información en otra parte, en otras personas, o como poco a que accedan a información sesgada, errónea, manipulada o carente de valores.
Pisamos arenas movedizas. Tanto el uso de los medios como sus contenidos son temas difíciles de afrontar en familia, sea por nuestra formación, por el contexto en el que vivimos, porque no sabemos cómo actuar, por vergüenza o incluso porque nosotros mismos podemos vernos inmersos en problemas.
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