UNA MIRADA PROFUNDA
Marta: En Semana Santa un grupo de jóvenes nos lanzamos a la aventura de vivir unos días en la Granja de l’Ombria (granja de la sombra), que está en la montaña, cerca de un pueblo de Valencia. Allí conviven inmigrantes africanos mientras se regulariza su situación (dicho de otra manera: consiguen sus papeles). Aquí trabajan cultivando la tierra y cuidando animales, y así viven de lo que obtienen con su trabajo.
Era la primera vez que algunos íbamos allí y la verdad es que ha sido una experiencia muy bonita. Fueron unos días de compartir comida, tiempo, risas… de compartir vida. Éramos un grupo pequeño y por eso en poco tiempo pudimos conocernos. Enseguida se creó entre nosotros un clima de confianza y, diría, de unidad. Nuestro trabajo allí no era imprescindible, lo podría haber hecho cualquier otra persona; estuvimos cavando zanjas para plantar semillas, ayudando con los animales, echando una mano en lo que hiciera falta. Lo que de verdad importaba era que los chicos se sintieran escuchados, queridos, comprendidos… y claro, también nosotros aprender de ellos.
Sin duda, lo que más me impactó fue conocer a cada uno de los chicos africanos. Descubrir que detrás de cada número que llega en una patera hay una persona con nombre y apellido, con una familia, con unos sueños por cumplir, con una mirada, y sobre todo con unas fuerzas increíbles por seguir, por salir adelante.
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