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SEXOLOGÃA

Lourdes Illán

Descubriendo nuevas sensaciones
Hablemos sobre los procesos y conductas sexuales típicos de la pubertad y la adolescencia. La primera conducta que trataré es la masturbación o autoestimulación, que se puede definir como obtener placer acariciando o frotándose los genitales u otras partes del cuerpo. La mayoría de chicos y chicas descubren la masturbación en esta etapa de forma espontánea; otros, por comentarios de los compañeros. Lo suyo sería descubrirlo como una función más del organismo, algo que ocurre de forma esporádica, sin darle mayor importancia. Pero no es así. Hoy el sexo se ha trivializado y ha perdido su verdadero sentido. Continuamente nos bombardean con imágenes que potencian una actividad sexual sin sentido, afirmando que «es bueno para la persona». Sobre la masturbación, he oído a sexólogos muy populares afirmar que «ayuda a la persona a conocerse mejor». No niego que descubrir la masturbación ayude a conocerse mejor, pero la afirmación se presta a equívoco. Es más exacto decir: «Ahora conoces algo más sobre ti mismo, has descubierto una nueva sensación, que es agradable y placentera». Y al mismo tiempo es necesario dejar claro el verdadero sentido de nuestra sexualidad. Las estadísticas dicen que entre el 70 y 80% de los varones se masturba habitualmente. El porcentaje en las chicas es del 30 al 40%. El fenómeno es típico de la adolescencia y hay que evitar culpabilizar, porque así se potencia la conducta. No tiene importancia si ocurre de forma esporádica, sin buscarla premeditadamente. La masturbación que debe alertarnos es la que se denomina «compulsiva», que se utiliza como vía de escape para las tensiones. A esta edad los estímulos sexuales adquieren una fuerte intensidad difícil de controlar. En muchas ocasiones los estímulos que provocan la masturbación no son propiamente sexuales, sino nerviosismo, inseguridad, frustración, enfado, aburrimiento, soledad, tristeza... ¿Qué ocurre cuando se convierte en algo obsesivo, algo de lo que se depende para “sentirse bien� Se produce una paradoja: el adolescente cree que se encontrará mejor, pero cada vez se siente peor. Se ha hecho esclavo de ella, depende de ella, tiene una recompensa inmediata, pero una gran sensación de vacío después. Además tiene unas consecuencias que irá experimentando: su voluntad se debilita, no afronta las situaciones y recurre a una «conducta de escape»; se aísla y se encierra en sí mismo; experimenta frustración, vacío y desencanto; desagradable sensación de dependencia, de que le supera y por más que se lo propone, no puede dejar de hacer; banalización del sexo. En un futuro también puede tener consecuencias haberse masturbado de forma compulsiva: quedarse estancado en esta conducta sexual inmadura y depender de ella; en los varones puede provocar disfunciones en sus relaciones sexuales, como la eyaculación precoz, y en las mujeres la anorgasmia durante el coito.

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